Un nuevo poder imperial
Emir Sader
La guerra del Golfo del
1991 fue para expulsar a Irak de Kuwait. El entonces presidente de Estados
Unidos, George Bush, confesó que era una guerra por el petróleo, porque
países que invaden a otros, hay varios casos, pero ningún otro mereció una
invasión, porque no había petróleo de por medio.
Esta vez, la guerra va a
rediseñar el mapa de toda la región, introduciendo un nuevo poder
imperial. Todos saben que Estados Unidos pretende instalarse en el corazón
Medio Oriente por tiempo prolongado o indefinido. Siria y Arabia Saudita
quedarán totalmente cercados por tropas y bases militares estadounidenses.
Irán quedará parcialmente cercado. Estados Unidos podrá intervenir en
cualquier país de la región sin tener que pedir apoyo terrestre a ningún
país -como actualmente depende de Kuwait o Turquía para poder invadir a
Irak-. Estados Unidos pasará de ser una potencia con fuerte influencia
regional a través de la coalición con sus aliados locales, a ser una
potencia regional, capaz de operar con sus propios medios.
Más allá de que, una vez
instalado en Irak, Estados Unidos se apropiará de la segunda reserva
mundial de hidrocarburos, pudiendo transformar significativamente el
mercado mundial de petróleo. Estados Unidos podría doblar rápidamente la
producción, haciendo disminuir los precios del petróleo, debilitando a la
OPEP y, con ella, a países como Libia, Irán y Venezuela. Estados Unidos
podrá reconstruir las reservas a su disposición, distanciándose de su
actualmente incomodo aliado Arabia Saudita y favoreciendo la reconquista
del desarrollo de la economía estadounidense.
Con esta guerra Estados
Unidos comienza a poner en práctica su nuevo proyecto para Medio Oriente,
de importar los modelos de democracia liberal y de economía de "libre
mercado" para la región, considerando que esto significaría "modernizar" a
los países árabes, partiendo del modelo "occidental" en la región
-Israel-. Se trata de instalar la "guerra de civilizaciones" en el corazón
del Medio Oriente. Las tentativas de derrumbar al gobierno de Arafat hace
parte de la obsesión actual de que la misión de Estados Unidos es
"modernizar", "democratizar", e introducir el capitalismo de mercado en el
conjunto de la región, comenzando por Irak y por Palestina, para después,
sea por presión y por las amenazas, con bases militares en la frontera de
Irán, de Arabia Saudita, de Kuwait, de Siria, de Turquía y de Jordania,
sea por nuevas intervenciones directas, extender esa mancha de
"civilización" desde dentro de la "barbarie" del mundo árabe.
Estados Unidos dispone de
superioridad militar suficiente para teóricamente conseguir imponer una
guerra de corto plazo, pagando un precio relativamente bajo por actuar sin
las condiciones políticas básicas para una intervención de ese tipo, no
importando el número de víctimas. Internamente estará iniciada la campaña
electoral para la reelección (como dicen algunos para que Bush pueda ser
por primera vez presidente electo de Estados Unidos) del actual
presidente, al finalizar el próximo año. El tendrá revitalizado el clima
histérico de país sitiado por los "terroristas" que le ha rendido tanto
frutos.
Externamente, en caso de
que pueda resolver favorablemente está guerra, Estados Unidos habrá
conseguido transformar la fuerza en argumento, con la llamada "comunidad
internacional" adhiriéndose o adecuándose a los intereses y a la acción
belicista estadounidense. El mundo será más inestable y no menos, porque
está es la primera de una serie de guerras y de demostraciones de uso
indiscriminado de fuerza y de desprecio por cualquier legalidad
internacional.
Habrá surgido un nuevo
imperio. Aquel liderado por Inglaterra, de carácter colonial, ocupaba
militarmente territorios como si fuesen partes de su imperio. La hegemonía
imperial estadounidense del siglo XX combinó influencia ideológica,
explotación y dependencia económica, con intervenciones militares. Este
nuevo imperio estadounidense del siglo XXI combina elementos de dominación
colonial -como ya hizo con Afganistán y pretende hacer con Irak-, con los
otros: ideológicos y económicos, pretendiendo construir un imperio global
centrado en su indiscutible superioridad militar.
Todo articulado con valores
liberales -política y económicamente-, incluidos derechos humanos y
libertad de expresión. Cae así, con el modelo económico neoliberal que
generaliza que "todo se compra o todo se vende", la farsa del liberalismo
como sistema político e ideológico que pretende encarnar la libertad y la
democracia, mas disemina la discriminación, el desprecio de la ley y la
dominación de los más débiles. Ha llegado la hora de otro mundo, de otra
política, de otra economía, de otra cultura, de otros valores, que apunten
hacia el renacimiento del humanismo y de la solidaridad. Estados Unidos,
hijo directo del "milagro" privilegiado del capitalismo, exhibe sus
vísceras y expone los límites de una sociedad donde triunfa el más fuerte
y el más rico. O salimos de ese mundo o sucumbiremos con el.
Servicio Informativo "alai-amlatina" |
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Mensaje del subcomandante
Marcos, leído en Roma durante la manifestación contra la guerra realizada
el sábado pasado por Heidi Giuliani, la madre del militante Carlo Giuliani,
asesinado por la policía italiana en Génova en durante las marchas
populares de julio del 2001
HERMANOS Y HERMANAS DE LA
ITALIA REBELDE:
Reciban ustedes un saludo
de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional. Nuestra palabra se hace nube para cruzar el océano y
llegar a los mundos que hay en vuestros corazones.
Sabemos que el día de hoy
se realizan movilizaciones en todo el mundo para decir ''No'' a la guerra
de Bush contra el pueblo de Irak.
Y esto hay que decirlo así,
porque no es una guerra del pueblo norteamericano, ni es una guerra contra
Saddam Hussein.
Es una guerra del dinero,
que es representado por el señor Bush (tal vez para enfatizar que carece
de toda inteligencia). Y es contra la humanidad, cuyo destino está hoy en
juego en los suelos de Irak.
Esta es la guerra del
miedo.
Su objetivo no es derrocar
a Hussein en Irak. Su meta no es acabar con Al Qaeda. Tampoco busca
liberar al pueblo iraquí. No son ni la justicia ni la democracia ni la
libertad las que animan este terror. Es el miedo.
El miedo a que la humanidad
entera se niegue a aceptar un policía que le diga qué debe hacer, cómo
debe hacerlo y cuándo debe hacerlo.
El miedo a que la humanidad
se niegue a ser tratada como un botín.
El miedo a esa esencia del
ser humano que se llama rebeldía.
El miedo a que los millones
de seres humanos que hoy se movilizan en todo el mundo triunfen al
enarbolar la causa de la paz.
Porque las bombas que serán
lanzadas sobre territorio iraquí no sólo tendrán como víctimas a los
civiles iraquíes, niños, mujeres, hombres y ancianos cuya muerte será sólo
un accidente en el atropellado y arbitrario paso de quien llama, de su
lado, a Dios como coartada para la destrucción y la muerte.
Quien encabeza esta
estúpidez (que es apoyada por Berlusconi en Italia, Blair en Inglaterra y
Aznar en España), el señor Bush, con dinero compró el poderío que pretende
arrojar sobre el pueblo de Irak.
Porque no hay que olvidar
que el señor bush está de jefe de la autoproclamada policía mundial,
gracias a un fraude tan grande, que sólo pudo ser ocultado por los
escombros de las Torres Gemelas en New York y la sangre de las víctimas de
los atentados terroristas del 11 de septiembre del año 2001.
Ni Hussein ni el pueblo
iraquÍ le importan al gobierno norteamericano. Lo que le importa es
demostrar que puede cometer sus crímenes en cualquier parte del mundo, en
cualquier momento y que lo puede hacer impunemente.
Las bombas que caerán en
Irak buscan también caer en todas las naciones de la tierra. Quieren caer
también sobre nuestros corazones y así universalizar el miedo que llevan
dentro.
Esta guerra es contra toda
la humanidad, contra todos los hombres y mujeres honestos.
Esta guerra busca que
tengamos miedo, que creamos que aquel que tiene el dinero y la fuerza
militar, tiene también la razón.
Esta guerra pretende que
nos encojamos de hombros, que hagamos del cinismo una nueva religión, que
nos quedemos callados, que nos conformemos, que nos resignemos, que nos
rindamos... que olvidemos...
Que olvidemos a Carlo
Giuliani, el rebelde de Génova.
Para los zapatistas, los
hombres somos lo que sueñan nuestros muertos. Y hoy nuestros muertos
sueñan un ''no'' rebelde.
Para nosotros sólo hay una
palabra digna y una acción consecuente frente a esta guerra. La palabra
''no'' y la acción rebelde.
Por eso es que debemos
decir ''no a la guerra''.
Un "no" sin condiciones ni
peros.
Un "no" sin medias tintas.
Un "no" sin grises que lo
manchen.
Un "no" con todos los
colores que pintan el mundo.
Un "no" claro, rotundo,
contundente, definitorio, mundial.
Lo que está en juego en
esta guerra es la relación entre el poderoso y el débil. El poderoso lo es
porque nos hace débiles. Se alimenta de nuestro trabajo, de nuestra
sangre. Así él engorda y nosotros languidecemos.
En esta guerra, el poderoso
ha invocado a Dios de su lado, para que aceptemos su poderío y nuestra
debilidad como algo establecido por designio divino.
Pero detrás de esta guerra
no hay más dios que el dios del dinero, ni más razón que el deseo de
muerte y destrucción.
La única fortaleza del
débil es su dignidad. Ella lo anima a luchar para resistir al poderoso,
para rebelarse.
Hoy hay un "no" que
debilita al poderoso y fortalece al débil: el "no" a la guerra.
Alguno se preguntará si la
palabra que convoca a tantos en todo el mundo será capaz de evitar la
guerra o, ya iniciada, de detenerla.
Pero la pregunta no es si
podremos cambiar el rumbo asesino del poderoso. No. La pregunta que nos
deberíamos hacer es: ¿podremos vivir con la vergüenza de no haber hecho
todo lo posible por evitar y detener esta guerra?
Ningún hombre y mujer
honestos pueden permanecer callados e indiferentes en este momento.
Todos y todas, cada quien
con su tono, con su modo, con su lengua, con su acción, debemos decir
"no".
Y si el poderoso quiere
universalizar el miedo con la muerte y la destrucción, nosotros debemos
universalizar el "no".
Porque el "no" a esta
guerra es también un "no" al miedo, "no" a la resignación, "no" a la
rendición, "no" al olvido, "no" a renunciar a ser humanos.
Es un "no" por la humanidad
y contra el neoliberalismo.
Deseamos que este "no"
traspase las fronteras, que burle las aduanas, que supere las diferencias
de lengua y cultura, y que una a la parte honesta y noble de la humanidad,
que siempre, no hay que olvidarlo, será la mayoría.
Porque hay negaciones que
unen y dignifican. Porque hay negaciones que afirman a los hombres y
mujeres en lo mejor de sí mismos, es decir, en su dignidad.
Hoy el cielo del mundo se
nubla de aviones de guerra, de misiles que se autodenominan "inteligentes"
sólo para ocultar la estupidez de quien los manda y de quien, como
Berlusconi, Blair y Aznar, los justifican, de satélites que señalan los
puntos donde hay vida y habrá muerte.
Y el suelo del mundo se
mancha de máquinas de guerra que habrán de pintar de sangre y vergüenza la
tierra.
Se viene la tormenta.
Pero sólo amanecerá si las
palabras hechas nube para atravesar las fronteras se convierten en un "no"
hecho piedra y le abren una rendija a la oscuridad, una grieta por la que
se pueda colar el mañana.
Hermanos y hermanas de la
Italia rebelde y digna:
Acepten este "no" que,
desde México, les mandamos los zapatistas, los más pequeños.
Permitan que nuestro "no"
se hermane con el vuestro y con todos los "no" que hoy florecen en toda la
tierra.
¡Viva la rebeldía que dice
"no"!
¡Muera la muerte!
Desde las montañas del
Sureste Mexicano.
Por el Comité Clandestino
Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional.
Subcomandante Insurgente
Marcos.
México, febrero de 2003
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