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Engaños informativos y corrupción estructural |
"E spaña va
bien" fue el ritornello de Aznar para convencer por reiteración a
los españoles de que no había lugar a la protesta, ni siquiera, si ésta
se originaba desde el agravio comparativo con las situaciones de los
cofrades comunitarios europeos, pues Spain is different y la
diferencia lo justifica todo. Así que, por un lado o por otro, los
españolitos debíamos sentirnos contentos y reconfortados de vivir en un
tan diferente y peculiar país. Claro que todo esto marchaba así de
perlas, mientras los dineros fluían raudos y ligeros a y por los
bolsillos de los empresarios. Va para dos años que las cosas dejaron de
ser así y, por ello, desde la euforia exclamativa del "esto va bien",
que conllevaba el "va bien, claro, porque estoy yo aquí", se pasa al
"las cosas no van bien porque lo que se nos daba desde fuera ya no se
nos da y, en un futuro no muy lejano se nos va a dar menos todavía". Y
así, a la vez que buscar las oportunas justificaciones y preparar el
terreno para inmediatas nuevas vueltas de tuerca a los derechos de los
trabajadores y a los niveles salariales, no pueden dejar de salir a
flote, con cuentagotas desde luego, los datos que anteriormente se
silenciaban: los productos españoles eran ventajosamente competitivos
por la baratura de la mano de obra y a pesar del considerable retraso
tecnológico; lo eran, igualmente, por las posibilidades aquí de una
considerable inversión extraordinaria, a partir de los dineros
procedentes de los fondos estructurales europeos. Situación que no puede
durar a corto plazo porque la elevación del número de socios europeos a
24 arrastra consigo, a nivel global, una disminución del Producto
Interior Bruto de Europa, del que el PIB español va a quedar por encima,
y, en consecuencia, su participación en los fondos estructurales se va a
ver muy considerablemente reducida. Y, como resultado de ese análisis a
partir de datos que nunca dejaron de conocer, el empresariado español,
blindado por el gobierno, va preparando, a marchas forzadas, el terreno
para volver a la ley de bronce: baja de salarios y aumento de precios.
Otro de los silencios informativos que se empieza a
romper con la nueva situación es el que no puede dejar de poner al
descubierto las circunstancias de la corrupción estructural en el que la
política gubernamental sostiene sus relaciones económico-laborales, y no
puede, naturalmente, dejar de salir a cierta luz, porque se trata de
dineros europeos escamoteados aquí en chanchullos nacionales; pero, a su
vez, también, desde Europa, tienen que poner mucha sordina a la
denuncia, porque dejar muy con el culo al aire a un socio de la UE
comporta el peligro de dar demasiadas pistas para la crítica general del
sistema. Todo el mundo, en España, sabía que los casi 100.000 mil
millones de pesetas que el gobierno daba a los agentes del mundo laboral
era una forma extra de subvención, destinada a tapar la boca de los
sindicatos encargados de embridar la paz social. Todo el mundo sabía,
igualmente, que ese dinero iba a parar al aparato sindical, a los
bolsillos de delegados, liberados y patronos, y que lo de los cursillos
era pura palabra verbal o escrita. Como hay terceros perjudicados en
Europa (en el ejercicio 2001 y sólo para el Plan Nacional de Empleo, se
dio a España, de los fondos estructurales, 1.624,3 millones de euros),
hay que hablar de ello, y así comienza la acción de la Policía Judicial
española, la del Tribunal de Cuentas y la de la Oficina Europea
Antifraude, pero la denuncia sólo afecta a los cursos del 2001, cuando,
incluso oficialmente, se tienen datos de graves irregularidades para los
años 96, 97, 98. Y, si la irregularidad era lo regular, no sabemos por
qué dejan fuera el 99 y el 2000. Asimismo, sus estimaciones de que se
trataría de un fraude de entre 10.000 y 15.000 cursos de un total de
159.000 son algo que no se lo cree ni un tonto, y, mucho menos, ellos
que están en el ajo.
Lo dicho, se trata de dar una parcial satisfacción a
Europa, pero sin tirar de la madeja porque la alarma social afectaría al
sistema también en términos generales. ¿Qué es lo que queda muy claro
para los que saben leer, y, por lo menos, simplemente claro hasta para
los que no saben leer? Que la corrupción no es sólo de individuos, sino
del sistema, y que no es, en modo alguno, circunstancial, sino
estructural.
Redacción |
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