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¿Guerra atómica?

 

Josep

...En las guerras modernas nos han de empujar con extrañas pócimas manipuladoras de la conducta (prohibidas a la sociedad civil) para que participemos sin excesivos problemas mentales. Difícilmente ya no nos puede salpicar la sangre de los cuerpos que hemos destrozado desde las alturas de las que nos hacen lanzar sus mortíferas bombas. Pero los resultados del horror y la destrucción no pueden esconderse... 

Anarquistas "Eleccionistas"


Errico Malatesta

...Dado que no hay ni puede haber una ley ni autoridad que dé o quite el derecho de llamarse anarquista, nos vemos verdaderamente forzados, de vez en cuando, a señalar la aparición de algún convertido al parlamentarismo que continúa, al menos durante cierto tiempo, declarándose anarquista.....

El germen de una nueva organización social

Marcela Valente

...El fenómeno de las asambleas barriales se multiplicó luego de las manifestaciones que precipitaron la caída del presidente Fernando de la Rúa el 20 de diciembre. La violencia y la represión registrada ese día y el anterior dejó un saldo de 30 muertos...

Sobre las críticas de los "consejistas" al anarcosindicalismo

Oloveira

...Para nosotros, no sólo los partidos políticos llamados obreros, sino también las centrales sindicales burocratizadas, aunque hayan conseguido, a semejanza de ciertas iglesias y partidos nacionalistas, encuadrar a amplias masas de trabajadores y dirigir muchas luchas de éstos, no son y nunca fueron los órganos de una lucha social determinada únicamente por los intereses específicos de las clases sociales proletarizadas y explotadas...

     

¿Guerra atómica?

Josep

"Quizá estalle la primera guerra atómica. Primera porque las bombas de Nagasaki y de Hiroshima no fueron una acción de guerra. Japón estaba vencido, pero la bomba necesitaba probarse en ciudades habitadas para conocer su efecto, y para advertir a la URSS de que se tenía el "arma absoluta", y evitar que interviniese en la paz de Japón. Cosas políticas. Como las de ahora: Pakistán, India y Cachemira son invenciones de la descolonización británica para dejar dividido y roto el país que abandonaba.

No es una idea luminosa, sino un sistema de descolonización. La colonización separó etnias, fronteras naturales, idiomas y culturas, pequeñas economías, según los intereses y las repugnancias entre los europeos; la descolonización realizó una nueva separación cortando en dos o en tres tribus, intereses, salidas al mar, ríos, idiomas. Se llevó la técnica know-how. Así se muere África.

Nuestro bravo mundo occidental culmina su tarea con el refuerzo de la lucha contra la inmigración, acordada y probablemente firmada en la cumbre aznárica del 21 de julio, recién terminada la inoportuna huelga. A nadie se le ocurre más que a Aznar provocar una huelga el día antes de su despedida europea.

Hay mas intervenciones de Occidente en estos casos, que se han ido animando desde el 11 de septiembre y responden a una plan largamente preparado. Pakistán es el sector musulmán del imperio indio, y su dictador se apresuró en colaborar con Estados Unidos contra Afganistán. De otro modo habría caído no ya en la misma acción, sino que India se hubiese aprestado a la guerra por Cachemira, que, qué desastre, es de mayoría musulmana. Cuando la India comienza a denunciar que hay terroristas musulmanes de Cachemira y de Pakistán corre a alistarse en la guerra antiterrorista proclamada por Bush para estar en el buen lado de la "libertad infinita" y pronunciarse contra "el eje del mal".

En el fondo está el deseo de destruir Pakistán y, si puede, liberar a los iraquíes buenos dominados por el eje del mal. Y así hay en este momento un millón de soldados, tan inocentes como todos los soldados ?que no son más que civiles disfrazados con uniformes por sus gobiernos- , a un lado y otro de las fronteras; y se ensayan los misiles de cabezas atómicas.

Mi instinto, o mi buena voluntad, me hace creer que la primera guerra atómica no sucederá. Pero todo depende del interés de Estados Unidos y su idea de la libertad infinita. ("La primera guerra atómica" Eduardo Haro Tecglen. Visto/Oído. EL PAIS)".

Como mi amigo Eduardo, quiero creer que la primera guerra atómica no sucederá. Como siervos de las castas inferiores hemos sido educados en la obediencia, el respeto, la sumisión y toda una serie de principios morales y éticos que nos incapacitan a pensar y a actuar con una violencia destructora tan antihumana. La especie humana, como todos los seres vivos queremos vivir, gozar de la vida y cuidar de nuestra descendencia. Nuestros instintos son contrarios a la destrucción y a la guerra. ¡Para nosotros una guerra atómica es impensable¡

Como soldados forzados necesitamos de las enfervorizadas arengas de nuestros generales o de las eternas recompensas de nuestros obispos para lanzarnos al combate. Los suicidas palestinos necesitan un convencimiento absoluto del paraíso de Alá para hacer explotar la dinamita de su cintura.

Necesitamos de las provocaciones de los enemigos, que tan sutilmente han organizado nuestros propios generales amigos, para ir cegados a la guerra. Han de mermar considerablemente nuestro raciocinio para podernos arrastrar a la barbarie. En las guerras modernas nos han de empujar con extrañas pócimas manipuladoras de la conducta (prohibidas a la sociedad civil) para que participemos sin excesivos problemas mentales. Difícilmente ya no nos puede salpicar la sangre de los cuerpos que hemos destrozado desde las alturas de las que nos hacen lanzar sus mortíferas bombas. Pero los resultados del horror y la destrucción no pueden esconderse.

Por esto, después de las guerras cibernéticas, los soldados regresan tan traumatizados y enloquecidos como regresaban de aquellas guerras medievales de 100 años de duración. No les es tan fácil hacernos apretar el botón.

La obsesión de cualquier ciudadano que haya colaborado en una guerra es que sus hijos se libren de participar en ninguna de ellas.

Pero, amigo Eduardo, nosotros olvidamos o no queremos aceptar que nuestras castas superiores han sido educadas (para perpetuar su supervivencia) con otro tipo de criterios morales y éticos diferentes a los nuestros. Ellos no parpadean, no dudan, no tienen ningún tipo de escrúpulos. No tienen remordimientos de conciencia. Ellos aprietan el botón y luego son capaces de sonreír con la más absoluta mezquindad y declarar ante la prensa: ¡Hemos sido elegidos por Dios para salvar a la Humanidad¡ ¡Hoy es un día histórico¡

Ellos no tuvieron la más mínima piedad para avisar a los pobladores de Hiroshima y de Nagasaky, a sus miles de hombres, mujeres, ancianos y niños que se lanzaría una bomba atómica sobre sus ciudades. Ellos, los vencedores (como nos lo ha recordado a los europeos el Cesar Bush en su visita a Normandía) no han sido juzgados aún por ningún tribunal internacional por los bombardeos de Dresde, ni por el napal lanzado en Vietnam, ni por los bombardeos indiscriminados sobre Yugoslavia, ni sobre el Irak, ni sobre Afganistán, etc.

La violencia, el uso indiscriminado de la fuerza de destrucción siempre ha sido monopolio del poder. A las castas inferiores nos está prohibido su ejercicio. Dicen que el pueblo enloqueció cuando levantó las guillotinas en las ciudades de Francia. Nos quieren sumisos y pacíficos.

Nosotros, amigo Eduardo, olvidamos o no queremos aceptar que la propiedad sobre los medios militares, las técnicas de armamento y los conocimientos científicos puestos al servicio de la maquinaria de guerra es el contenido universal del poder del que emana toda autoridad. Autoridad sobre el mundo y sumisión del mundo: los dos elementos antagónicos de una contradicción.

Esta propiedad no puede ser compartida. Ha de monopolizarse. Así lo ha dicho claramente Bush en su discurso belicista en la academia militar de West Point: (...)"Cuando se extiendan las armas nucleares, químicas y biológicas junto con nuevas tecnologías de misiles, cuando eso ocurra, incluso estados débiles y grupos pequeños pueden lograr un poder catastrófico para atacar a grandes países"(...) "Tenemos que combatir al enemigo, destrozar sus planes y enfrentarnos a las peores amenazas antes

de que surjan".

En 1990, el actual vicepresidente Cheney ya preconizaba que los EEUU "debían configurar el mundo a su manera y no debía dejar que le surgiera ningún competidor en esta tarea".

A los ciudadanos nos puede horrorizar la "ética del poder", pero no podemos cerrar los ojos ante ella. No nos puede tampoco sorprender: es mas antigua que Matusalén.

(...)"Hoy no podemos eludir las responsabilidades que nos incumben en las Hawai, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. No podemos mantenernos aislados en el interior de nuestras fronteras y aceptar que no somos más que un conjunto de revendedores que no tenemos ningún interés por lo que ocurre fuera (...) Si queremos tener un lugar en la lucha por la supremacía naval y comercial hemos de hacer valer nuestro poder fuera de nuestras fronteras (...) Esto desde un punto de vista comercial. Desde el punto de vista del honor, el argumento es aún más fuerte: Los cañones que tronaron sobre Manila o sobre Santiago nos han dado éxitos y glorias..." ("La vida intensa" T. Roosevelt 1899).

Sin duda que encontraríamos textos parecidos en los escritos de Julio Cesar ("La guerra de las Galias").

Esta es la ética del poder, de los hombres miserables, asesinos, enfermos mentales, que hoy dirigen el mundo.

Si el interés del Imperio Bush pasa por la destrucción de la India o del Pakistán (dos potencias nucleares) nada detendrá la guerra.

Fallarán nuevamente nuestros instintos, serán inútiles nuestras buenas voluntades. Sucederá aquello que puede parecer impensable, imposible, irrealizable desde el cerebro de cualquier ser humano. ¿Acaso no están sucediendo en el mundo cosas impensables?

¿Acaso no estamos asistiendo a un deterioro irreversible de las * partes del mundo que están provocando miles de situaciones de barbarie impensables?

¿Acaso puede el sistema sobrevivir sin mantener un saqueo sistemático del mundo, sin obligar a retroceder a regiones enteras a situaciones preindustriales para apropiarse enteramente de sus riquezas naturales?

Esta guerra (u otra) no solamente son posibles en esta fase del desarrollo capitalista sino que son sus únicas alternativas para la consolidación del Imperio. Ningún competidor en el dominio del mundo.

Pero algunos piensan que el problema son solamente ciertos desajustes de una política neoliberal. Frente a los terribles acontecimientos que se están desarrollando la mayoría de los intelectuales europeos (de la izquierda del capital) siguen sin quererse percatar de la realidad del mundo y continúan preocupados por "rescatar la radicalidad democrática y socialista del movimiento obrero de los años 70". Continúan intentando, ilusoriamente, jugar un papel destacado en el salvamento del naufrago... "Es verdad que el capitalismo actual está sometido a continuas crisis; que el neoliberalismo que la sostiene hace aguas por todas partes; que las declaraciones sobre la plena autonomía de los mercados están contradecidas por las intervenciones públicas cada vez que los Estados así lo deciden; que los escándalos y quiebras superabundan ?Enron, Arthur Andersen, Merill Linch, más de 40.000 suspensiones de pagos previstas este año en Alemania, etc- ; que los paraísos fiscales parecen inamovibles; que las exclusiones dentro de cada Estado y las desigualdades entre países son cada vez más insoportables; que la economía criminal es cada día más potente y peligrosa; que no se resuelve el paro y que se generaliza la precariedad en el empleo con la consiguiente inseguridad personal y familiar, y que la desprotección social que ha generado es absolutamente dramática (...)" (José Vidal-Beneyto ¿Cabe ser hoy socialista en Europa? EL PAIS 31/05/2002).

Yo me gustaría preguntarle al señor Jose Vidal-Beneyto ¿cómo cree que el capitalismo actual puede imponer las condiciones que usted mismo describe? (Condiciones, además, inscritas en los sectores del mundo que hasta ahora hemos considerado industrializados -las provincias ricas del Imperio-, porque para el mundo poco desarrollado ya hace mucho tiempo que no podemos hablar de crisis, desprotección social, desigualdades, o economías en dificultad... sino de absoluta miseria). ¿me puede explicar usted una sola ley económica que hoy esté realmente vigente en esta economía criminal (por usar sus mismas palabras)?

Le responderé. La única ley que funciona es la ley de la fuerza. Olvídese usted del libre mercado, de la libre competencia entre las naciones, de la ley del valor, de los tratados internacionales, del comercio justo, de las Naciones Unidas, de la radicalidad democrática etc. etc. La socialdemocracia terminó su andadura. Está escrito que terminaría su andadura en la última fase de concentración capitalista. Mi pésame, señor Vidal Beneyto.

Este peligro de guerra atómica entre la India y el Pakistán viene determinada por toda una estrategia ("la larga guerra contra el terrorismo") diseñada por los EEUU y puesta en marcha después del 11 de septiembre. Nada de lo que pueda ocurrir se distanciará un milímetro de los planes minuciosamente diseñados desde Washington. Si la India y el Pakistán están al borde de la guerra es porque los EEUU han empujado a los dos países hasta el borde de la guerra.

Mientras los EEUU sostienen a Musharraf, pertrechan a su ejército, controlan su espacio aéreo, disponen de importantes instalaciones y bases militares, y canalizan las operaciones de inteligencia a través del ISI (Servicios de inteligencia paquistaníes) hasta el punto de haber impulsado la creación de grupos radicales islámicos que actúan en la Cachemira india, mantienen al mismo tiempo un tratado de cooperación militar con la India en competencia con Rusia y Francia. Si bien la tecnología militar india en mísiles balísticos y nucleares ha sido transferida por las multinacionales francesas (que a su vez participan en la construcción de submarinos para la armada paquistaní) podemos decir que los EEUU controlan los sistemas tecnológicos militares tanto de la India como del Pakistán.

Todo lo que pueda hacer tanto Pervez Musharraf como Behari Vajpayee necesita del consentimiento de Washington. Si los dos mandatarios arrastran a sus poblaciones a la guerra saben de antemano los resultados de la confrontación: aniquilación de millones de seres humanos, éxodos inimaginables, miseria, destrucción, hambruna y un inmenso salto hacia un mundo absolutamente empobrecido.

¿Acaso el empobrecimiento del mundo, la vuelta al pasado preindustrial, la carencia de cualquier capacidad tecnológica y su imposibilidad de alcanzarla no es la mejor estrategia para librar al Imperio de los peligros de enemigos potenciales de desarrollar guerras químicas, biológicas o nucleares?

Pues ésta es la cruzada contra el terrorismo.

Pero esta cruzada fracasará porque el mundo que necesitamos construir los humanos necesita que el conocimiento circule sin fronteras, necesita de miles de laboratorios y centros farmacéuticos para la fabricación de vacunas y medicamentos, necesita que miles de estudiantes inunden los centros de enseñanza, necesita de nuevas técnicas y nuevos materiales para poder hacer generalizable una vida digna para todos, necesita más biólogos, más químicos, más científicos, necesita terminar con el sistema de patentes, necesita de un software libre,... necesita de una sociedad libre, colaboradora y pacífica.

¿Cómo lo van ha impedir? ¿Bloqueando las redes informáticas, bombardeando a todos los laboratorios que posean "equipos de fermentación" para producir vacunas (como en el caso del laboratorio de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana), ilegalizando a las comunidades científicas e impidiendo que puedan asistir a las reuniones internacionales, despidiendo de las universidades a los estudiantes que no sean rubios con ojos azules, escondiendo los estudios de Einstein, declarando un peligro social a las matemáticas, los logaritmos, los pentagramas, etc. etc? ¿haciéndonos volver a la prehistoria?

Su batalla está perdida de antemano.

(Un inciso: Esta vuelta de la Humanidad a la prehistoria tiene curiosamente otro gran defensor en el anarquista norteamericano Zerzan y en diferentes grupos antiglobalizadores y conservacionistas. El problema sigue siendo también que para volver a una sociedad recolectora y cazadora sobramos unos cuantos miles de millones de seres humanos.)

Solo la indiferencia de la Humanidad ante la destrucción del mundo y la aniquilación de los seres humanos pueden darles la victoria. Solo con la ayuda de todos aquellos que quieren quitar el hierro de la fragua, que anuncian que los tambores de la guerra suenan lejanos y que nunca llegarán a nuestras ciudades... lo conseguirán.

Yo no colaboraré y seguiré haciendo sonar las alarmas. La más mínima posibilidad de una guerra entre la India y el Pakistán debería poner en pie de guerra a todos los ciudadanos del mundo.Arriba lucha antifascista

 

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