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Lo necesario y lo posible

À trop courber l'échine

...la cuestión de la posibilidad o imposibilidad de una cosa se juzga ahora desde el exclusivo punto de vista técnico, como si la tecnología representase una especie de marco-patrón para medir la realizabilidad de tal o cual proyecto. O sea, para persuadirnos de que no podemos prescindir de la sociedad industrial, de su economía y de su tecnología, se nos dice que eso es técnicamente imposible...

 

"Hacia un gobierno planetario"

Caysiro

...lega un momento en que la propia lógica del sistema, que siempre tiende a la acumulación constante de capital, obliga a las empresas, ahogadas por constantes crisis de sobreproducción, a expandir sus mercados potenciales y comienzan las grandes importaciones de materias primas procedentes de los países coloniales...

 

Los problemas de fondo de la huelga general

Marcos Roitman Rosenmann

...Los objetivos y la responsabilidad de los gobiernos postransicionales se encuentran abocados a cambiar sus argumentos retóricos. Los cambios propuestos se fundamentan en otro principio de explicación. La globalización condiciona y afecta el campo de decisiones política. Si los acuerdos firmados hasta 2000 entre empresarios, sindicatos y gobierno han estado marcados por el espíritu de la transición, el diálogo y la negociación política, hoy sus contenidos deben ceñirse a los requisitos que impone una obligada e irrenunciable reforma del mercado de trabajo y las relaciones sociolaborales...

 

   
   

Lo necesario y lo posible

À trop courber l'échine

En el orden de objeciones que se nos hace- cuando afirmamos nuestra voluntad de acabar con el capitalismo y el Estado- la imposibilidad de tal tarea aparece en primer término: ¿cómo vivir fuera de la sociedad industrial? ¡Eso es imposible! Este sistema extendió su poder a todo: la estructuras tecnológicas cubren la casi totalidad del planeta y los valores vehiculados por el capitalismo moderno parecen integrados por la inmensa mayoría de la humanidad. Sería, pues, vano, se nos dice, ni siquiera poder imaginar vivir de otra manera. Tales argumentos son, en general, defendidos por todo el mundo con un tono de suficiencia avalada por la propaganda publicitaria y estatalista. Después de haber estado machacándonos durante años con la cantinela de que "en Francia un 75% de la energía es nuclear" (sobreentendiendo que todo el mundo se aprovecha de ello, y que, por lo tanto, nadie debe oponérsele), EDF proclama ahora en el cuadro de su campaña en favor del "desarrollo duradero" que "producir más energía es una necesidad". ¡Y con esto se se dan ya por contentos! Nunca se nos dice por qué es ello necesario. En consecuencia, no se hará la pregunta de si esta situación debe continuar, o si las consecuencias desastrosas engendradas por este sistema - claramente perceptibles para cualquiera- deben ver sus causas eliminadas.

El argumento de la imposibilidad no es más que una prueba de la colonización de los espíritus por la tecnología.-

En el curso de discusiones cotidianas con colegas del curro, durante las comidas familiares o en los encuentros de tarde con los amigos, este mismo argumento vuelve una y otra vez. Y, cuando vuelve, es para cortar de plano el debate.

Pero, ¿qué demuestra ese comportamiento? Simplemente que la cuestión de la posibilidad o imposibilidad de una cosa se juzga ahora desde el exclusivo punto de vista técnico, como si la tecnología representase una especie de marco-patrón para medir la realizabilidad de tal o cual proyecto. O sea, para persuadirnos de que no podemos prescindir de la sociedad industrial, de su economía y de su tecnología, se nos dice que eso es técnicamente imposible.

Es ésta, sin duda, la razón por la que algunos de entre nosotros se sienten obligados a querer demostrar, a contrario, todas las posibilidades técnicas que permitirían producir las cosas indispensables para nuestra supervivencia "preservando perfectamente nuestra salud y los equilibrios ecológicos". Y, al hacer esto, seguimos estando pillados dentro del debate técnico, cosa que no hace más que regocijar a nuestros adversarios.

Pues bien, es necesario abandonar este falso debate en el que estamos corriendo el riesgo de encenagarnos. Cuando alguien nos dice que no podemos salir de esta sociedad industrial, entiende ciertamente esta salida como un gigantesco desmantelamiento de las infraestructuras existentes. Pero por "salir de esta sociedad", nosotros entendemos mucho más que eso. Si demostrar la viabilidad técnica de nuestro proyecto social no es, a fin de cuentas, más que algo secundario, es porque lo esencial reside en la crítica de los fundamentos de la sociedad actual.

Falsas necesidades y sentimientos de impotencia.-

Las fuerzas que la economía autónoma ha desencadenado suprimen la necesidad económica que ha sido la base inmutable de las sociedades antiguas. Cuando la reemplaza por la necesidad de desarrollo económico infinito, sólo puede reemplazar la satisfacción de las primeras necesidades humanas sumariamente reconocidas, por una fabricación ininterrumpida de pseudo-necesidades que se reducen a la única pseudo-necesidad del mantenimiento de su reino. Guy Debord, La societé de l´espectacle.

La forma actual de sociedad no es en absoluto necesaria, en el sentido en que se presentaría como naturalmente puesta, independientemente de la voluntad humana. Dicho de otra manera, si esta sociedad es la que es, es por el desarrollo histórico que se le ha dado: es el resultado del dominio de una parte de esa sociedad sobre el conjunto de ella. El argumento - yo diría mejor la justificación- de la imposibilidad de vivir de otra manera, no hace más que indicar la extensión de este dominio. El mantenimiento de esta sociedad se debe ciertamente a su capacidad técnica de represión. Pero ello es también y sobre todo permitido por la ilusión que da de su inalterabilidad. Este sistema cultiva el mito de su omnipotencia. Los que pretenden que nada se puede contra ella, confiesan su sentimiento de impotencia y su pérdida de autonomía más bien que su invulnerabilidad real.

A menudo, cuando hablamos de revolución con nuestros semejantes, surgen cuestiones angustiosas: pero -en caso de revolución- ¿cómo lo haremos sin Estado, sin jefes, sin dinero? Las posibilidades de organización diferentes de las que rigen el mundo actual parecen inquietantes - por lo tanto, imposibles. He aquí, claramente, la marca de una creencia en la inmutabilidad de esta sociedad, el signo de una ilusión inmensa en sus capacidades. Esta creencia se sostiene sobre los hábitos de sumisión -obtenida más eficazmente por la participación activa en este sistema que por la coacción y la fuerza- así como en la cultivada esperanza en la perfectibilidad de este mismo sistema (mañana siempre mejor que hoy), de lo que la medicina nos da los más inquietantes ejemplos.

Para combatir esta verdadera religión de la economía y de su tecnología, podemos apoyarnos tantoen sus resultados nefastos como en sus promesas imposibles. Si el reino de la economía parece persistir tan fácilmente, es porque pretende garantizar el confort. Pero ¿qué confort? He ahí una vez más una inmensa ilusión. Se nos habla de confort cuando la vida en esta tierra no ha sido nunca tan precaria. Podríamos enumerar todas las catástrofes pasadas, actuales o futuras. Esto ya se hizo muchas veces sin gran resultado. A lo sumo, la atención de los individuos se despertó momentáneamente. Pero muy frecuentemente es para hundirse en los callejones sin salida de la falsa contestación fomentada y condicionada por el poder y sus esbirros. El sentimiento de impotencia se traduce, pues, forzosamente en una impotencia real. ¿Cómo salir de ella?

Afirmar nuestra concepción de la vida.-

No somos ni pesimistas ni optimistas. A pesar de las circunstancias desfavorables, persistimos en defender nuestra concepción de la vida y nuestros valores. Como escribió Jacques Philipponneau:

aunque estos valores no se impusieran nunca, estamos obligados a asegurar su perennidad para nuestro tiempo en la tierra, porque es así como nos gusta vivir, y transmitirlos a la posteridad, como muchos otros, antes que nosotros, lo han hecho.

Permanecer en una amarga constatación no resuelve nada. Contemplar el desastre para, en último término, hundirse en el pesimismo, tampoco. Ello supondría contradecirnos y renegar de nosotros mismos.

Nosotros, los que rechazamos este mundo no debemos renunciar a querer cambiarlo. Somos muy conscientes de que ninguna fuerza de oposición activa al capitalismo está hoy en condiciones de dañar este sistema. ¿Qué hacer en estas condiciones? ¿Podemos hacer algo en el hecho de que la inmensa mayoría de los humanos, más que una verdadera libertad, parecen preferir todavía - o al menos aceptar de buen o mal grado- las condiciones de supervivencia dictadas por la tecno-ciencia y la industrialización? No nos referimos a los otros. Lo mejor que podríamos hacer todavía es también poner en práctica, lo mejor que se pueda, nuestra concepción de la vida y de la libertad desde ahora mismo. Podemos aplicarla tanto en nuestra crítica permanente del mundo como en nuestras tentativas de organización. Pienso que no debe tratarse de criticar esperando ver lo que esta crítica traerá consigo como efecto sobre aquellos que hayan sido objeto de la misma. Ni que se trate de replegarnos en comunidades autárquicas, lo que equivaldría a pretender huir ilusoriamente de un mundo que, por lo demás, deberíamos enfrentar.

Nos rebelamos contra esta sociedad porque somos libres y queremos serlo. La tecnología quiere siempre deshumanizar los seres, convertirlos en cosas. En la medida en que podamos oponernos a ella y criticarla, estaremos probando no solamente que ella no ha conseguido todavía sus fines, sino también que "el factor humano" sigue siendo ineludible. Con sólo hacer esto ya estamos poniendo en cuestión el mito de su omnipotencia.

La cuestión concerniente a la emergencia posible de "comunidades" o de "bases zagueras" está en el centro de los debates actualmente en curso entre los enemigos de la sociedad industrial...

Pienso que desde ahora los individuos que estén decididos a vivir de otra manera pueden y deben federarse. Soy favorable a la idea de tejer redes que permitan la conservación de los modos de vida, de técnicas, de experiencias etc. de acuerdo con nuestra filosofía de la vida, es decir, apuntando a obtener la mayor autonomía posible, pero sin ilusionarse sobre la realidad de nuestras capacidades. Cierto que se trata de ensayar hacer sin la sociedad industrial. Pero esto es difícil.

Una salida de esta sociedad - en el sentido pleno del término- significaría una revolución total y radical. Por lo tanto, más bien de lo que se trata es de hacer, actuar contra esta sociedad. En suma, si pienso que la constitución de bases últimas es necesaria, no creo que sea suficiente. Pueden hacer más cosas. No se trata por mi parte de hacer una distinción entre los que actúan y los que hacen, ni entre los que intentan vivir de otro modo desde ahora y los que permanecen "integrados" (la palabra es desafortunada, pero no encuentro otra) sobreviviendo del trabajo asalariado o de asignaciones diversas... Cualquiera que sea el punto de vista adoptado sobre esta cuestión, lo que conviene es ponernos de acuerdo permanentemente en debatir y reflexionar sobre nuestros medios de acción directa contra esta sociedad. En consecuencia, es necesario que tejamos entre nosotros, más allá de diferencias y fronteras, lazos de ayuda mutua y solidaridad, que nos permitan a la vez resistir, pero también, en la medida de lo posible, pasar a la ofensiva.

Tales intentos sólo tendrán sentido en la medida en que testimonien de una ruptura con el capitalismo, de un rechazo radical de hacerlo perdurar, de una descalificación de sus valores y principios, al mismo tiempo que sean la manifestación de una voluntad de crear condiciones de vida que permitan la expresión de la libertad humana. Nuestra crítica tanto en palabras como en actos debe ser la afirmación de nuestros valores. Ponemos siempre la experiencia por encima de cualquier ideología. Obrando así, intentaremos restablecer la verdadera relación dialéctica entre las necesidades reales de la vida y la libertad, la relación entre naturaleza (a la que es claro que no hay que idealizar ni divinizar) y la humanidad.

Esta sociedad no tiene nada de necesaria en sí. No solamente es posible salir de ella, sino que incluso es necesario salir de ella, si queremos permanecer libres y escapar al desastre que lleva en su seno. La única esperanza residirá a continuación en la capacidad y la voluntad de los dominados de hacerse cargo de todo eso.

F.F. en A trop courber l´échine… nº 6 Arriba. ¡LUCHA ANTIFASCISTA!

 
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