NO ES COMO LOS DEMÁS

 

Uno acude como cada día al puesto de trabajo. Como el manso cordero que se encamina hacia la muerte mecánica. Uno trabaja en una empresa alimentaria de ámbito nacional, de las llamadas medianas y de esas que emplean a más de 500 personas: llámense Bimbo, Nestle, Panrico, etc. ¡qué más da! Uno no ha querido saber nada de elecciones y de sindicatos desde aquel lejano 1978 en que, después de años de luchar hombro con hombro, unos se convirtieron en malos y otros en buenos. Uno acude al puesto de trabajo y sabe que ha de ganarse las habichuelas con el esfuerzo y el sudor, pero que también ha de trabajar y sudar para darle la pastura a un conjunto de zánganos mal llamados "representantes legales de los trabajadores".

 

En la empresa en la que yo trabajo también existen estos parásitos sociales que se creen dioses y que venden a cualquier currela con la única intención de perpetuar su situación personal. Entre tantos (17) "representantes legales de los trabajadores" existen unas escalas y unas normas, unas estructuras militarizadas y unas personas que manejan todo el cotarro: son los llamados lideres o presidentes del Comité de Empresa. Y en la empresa en la que uno trabaja también existe un ser de esta especie. Pero que a nadie le asalte la duda: éste no es como los demás.

 

Está bien que en el pasado haya cometido pequeños pecados al hacer pactos no escritos con los distintos jefes de personal, para que su ¿sindicato? pudiese gozar de una libertad casi absoluta dentro de la Empresa, como convocar asambleas para todos los currelas en horas de trabajo para pedirles que se afilien con él, liberar de trabajar a tres o cuatro de los peleles que zumbonean a su alrededor, etc. Pero eso era en el pasado.

 

Esta bien que en el pasado haya usado y abusado de su puesto para colocar a sus cómplices en los lugares de menor esfuerzo físico y mayor remuneración; que haya usado y abusado de su puesto para recolocar a su mujer-en los mejores horarios y turnos de trabajo, que sus hijos tengan una libertad casi absoluta para elegir un puesto de trabajo a la carta. Pero eso era en el pasado.

 

Pase, que, desde la firma del primer convenio allá por el año 1991, hayamos ido perdiendo poder adquisitivo, mejoras sociales y laborales (con respecto al convenio provincial) se hayan creado dobles tablas salariales (ahora los nuevos contratados apenas perciben 100.000 ptas. netas, frente a las más de 200.000 que cobra -aparte de dádivas- el presidente del Comité, por no trabajar); que mantengan unas categorías y unos salarios que son más propios de la esclavitud; que de una plantilla de 600 personas en producción hayamos pasado a ser poco más de 300 en poco menos de tres años; que eso mismo haya sucedido en el reparto; que se hayan desmantelado líneas enteras de productos y despedido a muchas personas, aunque todo eso, según se nos ha comunicado mediante escritos en el tablón de anuncio del comité, ha sido para mejorar las expectativas de futuro y la competitividad de la Empresa. Pero eso era en el pasado.

 

Pase que, mientras la Empresa emprende una cruzada para deshacerse de personal (al mismo tiempo que contrata otras nuevas con salarios más bajos, fruto de esos acuerdos antes citados), el presidente del Comité de Empresa de la Empresa donde yo trabajo gire la cabeza hacia otro lado, silba y levante la vista al cielo. Pase. Pase que, para realizar esto, la Empresa necesitara tapar las voces discrepantes y que la decisión tomada por mi presidente del Comité y los suyos de firmar un convenio por tres años, le viniera a la Empresa como anillo al dedo. Pero eso NO era en el pasado. Ahora TAMBIÉN lo hace.

 

Mi presidente del Comité no es como los demás. Él se pasea con su ironía canallesca de hombre líder por los pasillos de las oficinas, traslada la pesada maleta de sus proyectos nunca cumplidos, se arrastra de puerta en puerta para defender sólo a él y a los suyos y, cuando no estás en la lista de sus acólitos, (llámese afiliado) te rechaza y te vende ante la Empresa porque "no aportas nada al sindicato". Eres de los no defendibles.

 

Mi presidente del Comité no es como los demás. Siendo tan duro el trabajo de defendernos y ocupándole, como le ocupa, tantas horas, ha perdido el habito de trabajar, y desconoce hasta las instalaciones de la Empresa. Se pierde en estos lugares, cuando las puertas que tiene que abrir no encuentran al otro lado a Jefes de Personal o Jefes de Recursos Humanos. En esas distancias de compadreo y mercantilismo, es donde encuentra más placer.

 

El presidente del Comité de Empresa de la Empresa donde yo trabajo da lo mismo que se llame Jesús que Alberto, Pepe que Ginés. Es indistinto que se apellide Salmerón, García o Costafreda. Al final, los hechos son los que marcan una trayectoria. Y el presidente del Comité de la Empresa donde yo trabajo, hace ya muchos años que viene sembrando el recelo y la mentira como fundamentos para perpetuarse en el poder. Ha hecho que la poca conciencia de clase que nos quedaba se haya ido diluyendo entre mentira y mentira y esto hace que hoy estemos sumisos ante los abusos del poder empresarial y cada día nos sintamos más huérfanos no solo de una verdadera conciencia de oprimidos, sino de organizaciones que sepan despertar esa conciencia revolucionaria.

 

Un obrero de la Alimentación