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Redacción
De los tres millones y medio de habitantes que
tiene Oaxaca, más de la mitad son indígenas.
Antes de 1996 existía la Organización de los
Pueblos Indígenas Zapotecos (OPIZ), que el
gobierno mexicano siempre consideró, sin nin-
gún tipo de prueba, como la precursora de la
guerrilla del EPR. Con este argumento el Estado
se dedicó a detener a todos los líderes de la OPIZ.
Básicamente la OPIZ es una organización que
aboga por las asambleas comunitarias, según
los usos y costumbres de los pueblos originarios.
Este movimiento conseguía "tumbar" a los caci-
ques que eran nombrados por los presidentes
municipales y en asambleas elegían a sus repre-
sentantes. Y esto no gustaba nada al Estado.
Antes de instalar las tres bases del Ejército
en Loxicha los caminos eran intransitables para
los vehículos y solo se podía ir a lomos de las
mulas. Una vez se estableció el Ejército se cons-
truyeron carreteras para facilitar el paso de los
vehículos militares. Solo por este motivo con-
siguieron que en Loxicha hubiera una carrete-
ra asfaltada. Era una de las muchas carencias
de la región como la falta de asistencia médi-
ca, de aulas, de energía eléctrica o de agua
canalizada.
Algunos de los dirigentes de la OPIZ son
ahora parte de la Asamblea Popular de los
Pueblos de Oaxaca (APPO), como Chano, un
maestro de educación indígena, que fue presi-
dente municipal de San Agustín Loxicha a fina-
les de los 80. Fue detenido en abril de 1997,
acusado de conspiración y rebelión a raíz de la
aparición del EPR y pasó tres años y siete meses
en prisión.
En el pasado número de CNT dejamos la
situación al límite, con el acoso constante por
parte del Estado amenazando con lanzar a sus
esbirros policiales contra los huelguistas y los
manifestantes que desde hace meses tenían
sitiado el centro de la capital de Oaxaca.
Finalmente el 27 de octubre la policía atacó las
barricadas de la Asamblea Popular de los Pueblos
de Oaxaca (APPO), y arremetió contra todo ser
viviente, incluidos periodistas y reporteros grá-
ficos. Pero lo hizo a balazos mientras los miem-
bros de la APPO contraatacaban con cócteles
molotov, lanzadores artesanales y piedras. En
estas acciones represivas resultaron muertas tres
personas, entre ellas el reportero gráfico neo-
yorquino Bradley Roland Hill de 36 años que
trabajaba para la red alternativa Indymedia. El
estadounidense recibió dos impactos de fusiles
R-15, uno en el costado y otro en la boca del
estómago. Los atacantes iban vestidos de civi-
les aunque todo apunta a que eran miembros de
la policía camuflados y apoyados por militantes
del Partido Revolucionario Institucional (PRI),
partido en el gobierno. La fiscal de Oaxaca tuvo
la desfachatez, días después, de insinuar que
los asesinos de Bradley eran integrantes de la
APPO porque su objetivo era "internacionalizar
el conflicto".
En otro pueblo, Santa María Coyotepec, moría
un profesor de tres disparos tras ser atacada a
balazos la barricada que mantenían los mani-
festantes junto a la sede del gobierno del esta-
do y de la policía. Fueron detenidos 20
profesores, 13 de ellos heridos de bala. En todas
estas operaciones se baraja que tomaron parte
entre 5.000 y 9.000 policías federales.
Curiosamente los profesores de Oaxaca, germen
del actual movimiento, habían decidido un día
antes de los sucesos sangrientos que había que
volver a las aulas y abandonar el paro. Eso sí,
no todos los profesores están de acuerdo con
esta decisión y en algunas regiones se iban a
proseguir con los paros hasta conseguir las rei-
vindicaciones. En algunos lugares la situación se
complicó porque algunos padres hicieron de
esquiroles y empezaron en septiembre a dar cla-
ses a los niños supliendo así la falta de los pro-
fesores en huelga.
Los hechos sangrientos provocados por la
policía y civiles paramilitares fueron aprove-
chados por el presidente de México, Vicente
Fox, para anunciar el envío de fuerzas federa-
les a Oaxaca para poner fin a un conflicto que
lleva en pie desde mayo, pero que en realidad
tiene sus raíces mucho más profundas en el
tiempo. La respuesta de los manifestantes fue
la de pasar a otra forma de lucha: la moviliza-
ción pasiva. Con el objetivo de intentar frenar
el derramamiento de sangre que se avecinaba,
la APPO anunció que se retiraría de las barri-
cas y de los edificios públicos ocupados en los
últimos meses. La policía pudo así sin apenas
resistencia "recuperar la normalidad sin haber
disparado las armas", según dijo el presidente
Fox. Eso sí, nunca mencionó Fox todos los
muertos contabilizados desde que había empe-
zado el conflicto.
A raíz de todos estos acontecimientos las
protestas en el mundo se han hecho palpables.
En Barcelona treinta activistas ocupan el jardín
del Consulado General de México de Barcelona
en protesta por la represión policial de la revuel-
ta popular en el estado de Oaxaca y entregan un
comunicado al cónsul general para que se lo
hiciera llegar al presidente mexicano. En Nueva
York se congregaronn unas 150 personas fren-
te al consulado mexicano a la vez que en Miami
la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) se
sumaba a la condena enérgica del asesinato del
periodista estadounidense Bradley Ronald Hill.
La Federación Internacional de Derechos
Humanos (FIDH), con sede en París, presentó
un informe denunciando la pérdida de las liber-
tades fundamentales en el Estado mexicano de
Oaxaca y el "endurecimiento de la posición de
las autoridades federales y regionales con res-
pecto a la población civil [...] con muertes extra-
judiciales por parte de la policía y las fuerzas
paramilitares en flagrante violación al derecho
a la vida".
El objetivo inmediato de la APPO es hacer
que el gobernador de Oaxaca se vaya, por sus
actitudes despóticas e intransigentes. El propio
Congreso mexicano ha presionado al gobernador
Ulises Ruíz (popularmente URO) para que renun-
cie y el Senado ha pedido por unanimidad
(incluidos los senadores del PRI) que reconside-
re su posición. Pero URO hace oídos sordos. Lo
único que hizo días después fue anunciar que
realizaría cambios en su equipo de Gobierno.
A pesar del repliegue pacífico que los mani-
festantes realizaron en días posteriores se suce-
dieron enfrentamientos con la policía que
pretendía desmantelar barricadas que se habí-
an hecho fuertes en la Universidad Autónoma
Benito Juárez de Oaxaca, donde la policía atacó
violando la autonomía universitaria, como el
propio rector ha denunciado. Unos desconocidos
abrieron fuego contra la emisora de radio de la
universidad pública estatal oaxaqueña, uno de
los instrumentos de propaganda de la APPO. Los
disparos causaron graves heridas a un estudiante
que recibió un disparo de bala en el estómago.
El 5 de noviembre una nueva marcha pidió
la salida tanto de URO como de las fuerzas poli-
ciales enviadas a Oaxaca. Nuevamente la afluen-
cia fue masiva. La APPO habla de un millón de
personas manifestándose pacíficamente, con
más de dos kilómetros de extensión. Se suce-
dieron los gritos de "Ya cayó, ya cayó, Ulises ya
cayó" y "Oaxaca no es cuartel, fuera el Ejército
de él".
A día de hoy los enfrentamientos entre poli-
cías y simpatizantes de la APPO se producen
casi a diario. El pasado 20 de noviembre se pro-
dujeron enfrentamientos que dejaron 53 into-
xicados por gases lacrimógenos. Varios
periodistas, algunos de ellos internacionales,
fueron agredidos por la policía e incluso per-
seguidos con pistola en mano. La APPO ha dado
al gobernador de plazo hasta el 25 de noviem-
bre para que dimita. Ese día se hará otra mani-
festación multitudinaria. Para que nadie falte
a esta cita un grupo de integrantes de la APPO
tomó temporalmente una emisora estatal para
emitir un comunicado informativo sobre la
marcha.
La lucha en Oaxaca continua.
AIT................................................................................. 0
Internacional
cnt
n°329 diciembre 2006
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El Estado de Oaxaca en México es uno de los más pobres del país. De hecho, según la
ONU, en la lista de los 50 municipios más pobres de México aparecen 21 municipios
que son de Oaxaca. No es de extrañar por ello que en 1996, como ocurrió en Chiapas,
apareciese por primera vez en la región de Loxicha la misteriosa organización guerrillera
llamada Ejército Popular Revolucionario (EPR). Su primera acción fue atacar una base
militar que acabó con 12 muertos entre soldados, policías y guerrilleros.
Días después el Ejército creo tres bases de operaciones en aquella región, una de las
regiones más marginadas de México y con una población de 35.000 indígenas
zapotecos. Se produjeron 500 detenidos, la mayoría campesinos indígenas, de los que
160 fueron procesados y encarcelados e incluso torturados. Aun hoy, diez años después,
queda una docena de presos en las cárceles.
La lucha continua en Oaxaca
Y
es que en este mundo de sumisión
para aquellos que aún mantene-
mos la esperanza, ver de vez en
cuando pequeños focos rebeldes
nos demuestran que las cosas son
transformables. Así ha ocurrido en Oaxaca.
La comuna de Oaxaca nació a raíz de que
el gobernador Ulises Ruiz, (un déspota perte-
neciente al P.R.I. (Partido Revolucionario
Institucional), ordenó el pasado 14 de junio
un agresivo desalojo en contra de un plantón
pacífico que realizaban profesores en huelga.
La represión fue brutal, salpicando tanto a los
implicados en la lucha como a cualquier per-
sona con la que se encontraban a su paso ya
fueran niños, mujeres, ancianos, etc. En
Internet podéis encontrar imágenes y vídeos de
lo ocurrido para haceros una idea. La repre-
sión no ha cejado durante todo este tiempo
arrastrando varias muertes consigo.
En esta lucha se han implicado cientos de
organizaciones sociales creando la A.P.P.O.
(Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca).
Esta Asamblea ha realizado varias mega mar-
chas, movilizaciones que han reunido a cien-
tos de miles de manifestantes, han tomado
más de treinta alcaldías y bloqueado carrete-
ras, cerrando además las oficinas públicas y
juzgados. Isidro Cruz nos relata el funciona-
miento de la comuna popular de Oaxaca: "Su
funcionamiento, aunque sea en forma embrio-
naria, implica poner en escena un poder alter-
nativo al del estado burgués, que encara
aspectos de gobierno y administración de la
sociedad oprimida y explotada por sí misma.
Tiene lógicamente el límite de ser un poder
regionalmente localizado, no nacional. Pero
nada impide que Oaxaca pueda generar una
extensión de su modo de organización a una
escala más amplia. Aunque sea, inicialmente,
para organizar su defensa contra la represión
estatal burguesa".
2
"Así es como en este Estado, el gobierno
dejó de existir y sólo quedó visible en opera-
tivos nocturnos donde cientos de policías de
civil y golpeadores salían a la calle a disparar
armas de fuego en contra de la población. Ante
esos operativos las barricadas oaxaqueñas han
demostrado su enorme eficacia".
3
Los medios de comunicación cumplen en
papel muy importante en este tipo de situa-
ciones, desprestigiando la lucha con la mues-
tra de revueltas provocadas por tácticas de
guerrilla urbana y vandalismo... Como indica
Fernando Buen Abad Domínguez; "Se trata de
un arsenal alienante encargado de preparar el
terreno para justificar el crimen, para funda-
mentar la represión... para esconder a los muer-
tos, hacerlos invisibles bajo toneladas de
justificaciones "legales", "políticas", "institu-
Desde hace más de tres meses, los fantasmas de Louisa
Michel y Elisee Reclus (personajes históricos de la
Comuna de París), pasean de noche por las desiertas
calles de una vieja ciudad del sur de México; la oscuridad
tan sólo es iluminada por la luz tenue de los focos de las
lámparas o por el fuego de las hogueras que en cientos de
barricadas, calientan las noches oaxaqueñas.
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Luz en Oaxaca
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Iván Nistal