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Esperantistas y Libertarios.
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Políticos depolitizados.
Una memoria no tan histórica .................................... 23
Opinión
cnt
n°326 agosto-septiembre 2006
2
211
Tupac
P
ero no sólo es fácilmente refuta-
ble a un nivel filosófico, sino que
el propio análisis de la Historia de
la humanidad demuestra que,
como decía Sartre, "el hombre no
es ni bueno (Rousseau) ni malo (Hobbes) por
naturaleza: el hombre no nace, sino que se
hace". Efectivamente, se equivocaba Hobbes y
la vida anterior al Estado no era, en absoluto,
"la guerra de todos contra todos".
A quienes dicen que jamás podrán cam-
biarse las cosas porque siempre han sido así
no les vendría mal saber que el Homo Sapiens
(con la misma capacidad intelectual que noso-
tros) surgió en África hace unos 200.000 años
y que, sin embargo, la propiedad privada de
los medios de producción sólo tiene 9.000 años
de antigüedad. Por tanto, viendo las cosas con
perspectiva, este modo de vida basado en las
clases sociales, lejos de ser algo eterno e ine-
vitable, es sólo un breve y minúsculo parénte-
sis en la historia de nuestra especie.
Antes del neolítico, los hombres vivían en
una especie de comunismo primitivo. Pero esto
no se debía al mito del buen salvaje rousso-
niano ni a idealizaciones similares. No es que
se hubieran colectivizado los medios de pro-
ducción, sino que, sencillamente, se descono-
cía la posibilidad de un uso y apropiación
individual de los mismos. El propio modo de
vida determinaba otras relaciones sociales: si
cazamos un mamut, no es posible atesorarlo
y sólo podemos compartirlo antes de que se
pudra. Además, al vivir en campamentos
nómadas y tener que recorrer largas distancias
a pie, la acumulación de pose-
siones materiales se encontraba rígidamente
limitada.
Sólo en el neolítico, cuando el cambio cli-
mático obliga al hombre a desarrollar una vida
sedentaria y practicar la agricultura, y dado el
excedente que por primera vez se produjo (y
dado también que convertir una zona impro-
ductiva en productiva era una tarea bastante
trabajosa) algunos hombres se plantean adue-
ñarse individualmente de las cosechas prime-
ro y, más tarde, de la tierra. Un observador
imparcial jamás habría podido comprender esa
locura de que la tierra, que era patrimonio de
todos, pasase a manos de unos pocos. Con el
neolítico y la propiedad privada, aparecen tam-
bién el machismo, la esclavitud y la familia
nuclear cerrada (antes, en la llamada sociedad
gentilicia, todo el clan era una familia y los
hijos no eran criados exclusivamente por sus
padres); y, más tarde, para garantizar los nue-
vos privilegios, aparece el Estado, es decir, cuer-
pos armados a sueldo de un estrato social.
Si en aquella época las condiciones mate-
riales y el escaso desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas hicieron necesaria la
acumulación de capital para aumentar la pro-
ductividad y que la especie humana subsistie-
ra, hoy, cuando la propiedad de los monopolios
llega a trabar unas fuerzas productivas extre-
madamente modernizadas y cuando el 20% de
la humanidad posee el 80% de la riqueza (y
viceversa), parece hacerse necesario el socia-
lismo para que el hombre perviva. Pero ese es
otro asunto que dejamos para mejor ocasión.
El caso ahora es que esta prehistoria huma-
na, que a algunos les sonará rara, está confir-
mada por todos (al menos nosotros no
conocemos la excepción) los antropólogos,
arqueólogos e historiadores, sean cuales sean
sus inclinaciones políticas. Además, una de las
mejores pruebas se extrae al establecer un
modelo antropológico, es decir, al observar el
comportamiento de las sociedades paleolíticas
actuales (téngase en cuenta que el paleolítico
no es una etapa temporal, sino un estadio o
nivel de desarrollo). Efectivamente, los antro-
pólogos se quedaron boquiabiertos al observar
la vida de los kung!, esa tribu africana cuya
lengua tiene ciertos sonidos úni-
cos, los chasquidos. Cazan en
grupo y comparten la comida, sólo algunos
objetos o instrumentos de caza son privados y
en realidad carecen de valor, sus mujeres son
respetadas y no están por debajo de los varo-
nes, los jefes son en realidad servidores leales
y trabajadores de la comunidad que viven al
mismo nivel que los demás y son revocables
democráticamente...
Todo lo contrario de lo que esperaban
encontrar. Para un kung!, que un día puede
tener suerte en la caza y al siguiente no, la
mejor garantía individual es ser generoso con
los demás, dar hoy y recibir mañana, vivir del
intercambio recíproco.
Y efectivamente no sólo el modelo antro-
pológico, sino también la arqueología, confir-
man que la vida del hombre (una vida, para
más inri, en contacto puro con la naturaleza)
fue, hasta el neolítico, una vida comunista. No
una vida comunista que haya que idealizar, ya
que el hombre, ignorante aún y carente de toda
ciencia, divinizaba la naturaleza y llevaba una
existencia áspera, peligrosa e incómoda en cier-
tos sentidos. Pero obsérvese que, aunque en
cierto sentido la revolución neolítica fue pro-
gresista para el desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas (de no haberse establecido este modo
de vida, el ser humano no hubiera podido satis-
facer sus necesidades alimenticias en este
nuevo entorno ecológico, lo que hubiera sig-
nificado su extinción), para la vida de los hom-
bres concretos supuso, sin embargo, trabajo
hasta la extenuación, acaparamiento, descon-
fianza mutua y egoísmo. De trabajar cazando,
aproximadamente, 7 horas a la semana, se pasó
a trabajar mucho más.
Sin embargo, regresar a la infancia del hom-
bre, además de imposible, es indeseable.
Considero que la tecnología, de no estar mono-
polizada en pocas manos, podría garantizar-
nos una vida realmente idílica. Con este
artículo no se propone volver al pasado, sino
mirar al futuro. Pero no mirar bajo prejuicios
inducidos, no efectuar una mirada metafísica,
detenida en el tiempo, sino observar las cosas
con perspectiva y en su desarrollo histórico, lo
cual nos lleva a la conclusión de que no hay
nada escrito en el código genético del hom-
bre, de que las relaciones materiales que se
establezcan entre nosotros serán las que nos
hagan más o menos egoístas, generosos, bue-
nos o malos; y no viceversa.
J. de la Villa
D
urante la última semana de abril, la SER publicó a
toda página, en todos los grandes diarios, el anuncio
que veis a la derecha. CNT comenzó a poner carteles
y pegatinas en exteriores e interiores, insulares y
peninsulares, allá por marzo, para culminar la cam-
paña con la mani+fiesta+acción del 1º de Abril en Madrid. La pers-
pectiva y el delicado escorzo del tablero, la dirección de la sombra
de las piezas, la posición del texto... pero si ¡también juegan con
negras! ¿"Gana la SER" rima con "Nos toca mover"?
Será simple casualidad, al fin y al cabo el ajedrez es un recurso
muy socorrido, no vamos a pensar en el plagio... ¿Lo dejamos en
trasunto?
Cada cual saque su conclusión y quien sepa de pleitos que nos
la cuente, que a esta gentuza no se le puede regalar el "copy-
left"... ¿Se podrá exigir una astilla, en concepto de asesoramiento
creativo, de los millones que se habrán gastado?
Por cierto, un periódico del mismo "lobby", por su compromiso
con la memoria histórica, mencionaba a la CNT una sola vez (y
de rebote), ese mismo abril, en su especial de ocho páginas
sobre la República y su contexto socio-político...
El Comunismo primitivo
La SER nos hace
un "homenaje"
Entre los argumentos más frecuentemente esgrimidos contra el socialismo, llama la
atención (por su frecuencia pero también por su falta de fundamento) aquel de que el-
hombre-es-egoísta-y-las-cosas-siempre-han-sido-así. Esta idea es fácilmente refutable
teniendo en cuenta que, aun siendo eso cierto, con más motivo habría que establecer
normas que frenaran una tendencia así, de igual modo que es necesario cercenar la
libertad del hombre para violar o asesinar semejantes.
Cuando el 20% de la humanidad posee el 80% de la
riqueza (y viceversa), parece hacerse necesario el
socialismo para que el hombre perviva
La tecnología, de no estar monopolizada en pocas
manos, podría garantizarnos una vida realmente
idílica