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Cultura
cnt
n°322 abril 2006
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244
J. Blasco
Q
ue desagradable es y que hastío provo-
ca, el ver como desvirtúan y juegan con
el arte de la cocina por el simple hecho
de recaudar, hacer caja. Ese es el fun-
cionamiento del capitalismo, y sus bes-
tias que se dejan domar y hacer a cambio de un
montón de billetes.
Estoy hablando del programa que emite Telecinco
La cocina del infierno. Escogen a dos chef con
renombre, una panda de famosos de capa caída, lo
suficientemente estúpidos y rastreros para provocar
situaciones de conflicto entre ellas, y nutrir de
comentarios a los espectadores que se apoltronan
en sus asientos.
Un gran hermano más aunque con tilde culina-
rio, de esos que arrastran a las masas a sentarse
frente al sofá.
Pero esta vez algo falla, ya que no consiguen la
audiencia que esperan, ¿saturación de este tipo de
programas? ¿hemos aprendido a rechazar lo des-
vergonzado? Estas gentes, que han aceptado ence-
rrarse, no son cocineros y ni por imaginar queda
que quieran serlo. Son empresarios, bailarines, actri-
ces, ex de algún ex, pero todos tiene en común lo
nefasto que son en todo aquello que emprenden.
Que manera más absurda de educar, observar,
enseñar, mostrar, relacionarse, opinar, juzgar, comer.
Cocinemos la cultura, el arte y la cocina, comá-
mosla y eliminémosla.
ARROZ NEGRO
INGREDIENTES:
Arroz
Calamares
Cebolla
Pimiento verde
Tomate
Tinta calamar
Aceite
Sal
Almejas o mejillones
Elaboración:
Picamos finamente el pimiento y la cebolla.
Cortamos los calamares en tiras.
Doramos el calamar en una cazuela junto a
un chorro de aceite.
Añadimos las verduras y dejamos hacer
unos minutos.
Echamos el tomate, rehogamos y acto
seguido el arroz, que mezclaremos con el con-
junto de la cazuela.
Añadimos la tinta de calamar previamente
diluida en agua, caldo o vino blanco.
Echamos el caldo (doble de caldo que arroz)
y dejamos hacer.
Añadirle los mejillones o almejas con el
tiempo suficiente para darle tiempo a cocerse.
gastronomía
Germinal
N
o es habitual que escriba dos veces
seguidas sobre una película que nos
llegue desde el corazón del imperio. O
algo está cambiando en las entrañas
del monstruo o, puede, que el que esté
cambiando sea quien escribe estas líneas. Aunque,
seguramente, no sea ni lo uno ni lo otro. Quizás la
respuesta esté en que entre los cientos de millones
de ciudadanos formalmente estadounidenses haya
una mayor variedad de la que se les supone. No está
de más que recordemos que aunque los pueblos se
merezcan los gobernantes que tienen, éstos no son
un fiel retrato de los primeros. Digo esto, porque
este mes la película comentada es Buenas noches,
buena suerte
dirigida por George Clooney el seduc-
tor actor que, tras muchos años en series televisivas,
alcanzó la fama. Ha encarnado a Batman o prota-
gonizado películas de los hermanos Coen. Además,
el público le ha otorgado el estatus de lo que anti-
guamente se conocía como sex-symbol.
Clooney y quien pergeña estas líneas no hemos
sido presentados siquiera y sólo le conozco por esta
película. Así que sea quien sea en realidad, este
hombre parece no ser una de esas estrellas de
Hollywood a la que estamos acostumbrados y sí que,
aunque sea por su origen familiar, es lo suficiente-
mente descreído para realizar una obra como ésta.
Descreído y conocedor del cine. No he visto su pri-
mera película como director, Confesiones de una
mente peligrosa
, pero con esta no deja duda de que
conoce el oficio desde los cánones norteamericanos.
La hora y media de proyección se pasa en un vuelo
y su rigor formal es tal que se le ha denominado
"un clásico". Claro que no es esto último lo que me
interesa. Antes que acudir a las copias uno prefiere
los originales. Aunque sean las películas de "cine
negro" con las que también se le ha comparado.
En los Estados Unidos se ha escrito mucho, se
han hecho centenares de películas e, incluso, se
mantiene viva la memoria de ese episodio siniestro
llamado "la caza de brujas" o Macartismo. Ni siquie-
ra le hace más interesante en que, como ha escrito
alguien, narra una historia del pasado muy actual.
Para mí lo más llamativo es su llamada de atención
al papel manipulador de los medios de comunicación.
La responsabilidad que tienen en denunciar los exce-
sos de autoridades y grandes medios económicos y
no servirles a ellos. Especialmente aquellos medios
que se presentan como los abanderados de la "impar-
cialidad". A los que se les llena la boca y rebosa la
baba asegurando que en sus páginas sólo cabe la
"objetividad", que son "independientes". En España
tenemos uno de estos especímenes, el diario El País,
que, yendo mucho, mucho más allá, no sólo se pro-
clama el paladín de la imparcialidad, sino construc-
tor de la realidad. En muchas ocasiones hemos
sufrido su capacidad de dar la vuelta a los aconte-
cimientos y convertir en malos de la película, por
ejemplo, a quienes no comulgan con sus intereses.
También Clooney no olvida la capacidad que tiene
la televisión para embrutecer a población. Que una
de sus misiones pudiera ser la de abstraer a la ciu-
dadanía de la realidad que le rodea ya fue aprecia-
da por personas como Edward R. Murrow que
advertía que la televisión no sólo debía entretener
y aislar, sino enseñar e iluminar frente a la dirección
de la Columbia, la progresista empresa cuyas pelí-
culas prohibía el franquismo, que le reclamaba entre-
tenimiento, no lecciones de civismo. Y mucho menos
aquellas que le recuerdan que la limpieza empieza
por la casa de uno mismo. Que no se puede ir impo-
niendo por ahí libertades y no sé cuantas cosas más,
cuando en el interior se recortan derechos e impe-
ra el miedo. Para exportar "libertad" hay que tener-
la antes.
Cierto es que el director no termina de despren-
derse de esa aura beatífica que impregna a deter-
minado mundo contestatario de USA. Si duro es ser
habitante de una de las colonias imperiales, tampoco
es moco de pavo ser mínimamente contestatario en
el corazón de la bestia. Por eso, en demasiadas oca-
siones, revolotea el espíritu de Frank Capra y apa-
rece esa confianza innata en lo que llaman
"democracia" que, como una especie de Demiurgo
por encima de todos termina poniendo a cada uno
en su sitio. En este caso al senador Joseph McCarthy
y el Comité de Actividades Antiamericanas. Con lo
que la denuncia y el mensaje se diluye en una cier-
ta nostalgia y falta de autocrítica. Así el presenta-
dor de televisión protagonista era, en su momento,
famoso no sólo por decir las frases que dan título a
la película, sino por aparecer continuamente fuman-
do. Algo que hoy puede resultar no ya sicalíptico,
sino pornografía dura.
Otra carta
desde el imperio
cine
Arroz negro
Buenas noches, buena suerte
(Good Night, and Good Luck)
Thriller político
Dirección: George Clooney
Guión: George Clooney, Grant Heslov
Intérpretes: David Strathairn, Patricia Clarkson,
George Clooney, Jeff Daniels, Robert Downey Jr.,
Frank Langella
Montaje: Stephen Mirrione
Fotografía: Robert Elswit
Producción: Grant Heslov
EE.UU., 2005
1 h 33 min
Si duro es ser habitante de una de las colonias
imperiales, tampoco es moco de pavo ser mínimamente
contestatario en el corazón de la bestia