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Javier Couso
D
uele. No puedo negar que duele.
Aunque nos lo esperásemos. A
pesar de intuir la mano larga del
Imperio, la ley del silencio cayó
como sal sobre nuestra herida,
sinónimo de hiel arrojada contra nuestro her-
mano.
Sé bien que ese viernes maldito, vosotros,
prohombres de la Sección Segunda de lo Pe-
nal de la Audiencia Nacional, disteis el paso
y atravesasteis la frontera que separa el bien
del mal. Que a sabiendas, os pusisteis al ser-
vicio del lado tenebroso. Que sin dudarlo mu-
tasteis el color de vuestras almas.
Os veo en vuestros despachos un viernes
de marzo, filtrando vuestro vómito a la pren-
sa para cogernos desprevenidos. Veo la som-
bra de cuervos negros que ya no os abandonará
nunca y percibo a cada paso que dais como
buitres carroñeros, el chapoteo de la sangre
que vertió a chorros la pierna destrozada de
mi hermano, los intestinos colgando de Taras,
la vida machacada de Tareq o los sufrimien-
tos de tantos otros, a los que habéis legaliza-
do la muerte, bendiciendo a sus asesinos.
Os siento babeando con la lengua fuera,
mientras movéis el rabo ante el amo agrade-
cido. Sé que a partir de este viernes de mar-
zo os recibirán de buen grado en Washington,
dónde de seguro seréis hombres de bien, de-
mócratas defensores de los Derechos Humanos,
próceres de rectitud Tejana, firmes candida-
tos a la medalla del Congreso.
Hay momentos en que uno elige de qué
parte está, a quien sirve y a quien debe leal-
tad. En nuestra historia, en la historia de la
humanidad hay miles de ejemplos que inspi-
ran a unos y otros. Hay jueces que bendicen
los asesinatos de civiles y hay jueces que in-
tentan perseguirlos, hay justicias pequeñas
que claudican y otras que aún sabiéndose mi-
núsculas se engrandecen enfrentándose a las
injusticias grandes y poderosas.
Hoy, no sois más que las togas de la im-
punidad, los leguleyos de la injusticia pos-
trados ante los nuevos nazis que no reco-
nocen ni Derecho Internacional, ni Justicia
Humanitaria.
Vosotros, jueces abyectos, dais pábulo a
los servidores del mal y os ponéis al servicio
de los que torturan en Abu Gharib, de los que
encarcelan sin derechos en Guantánamo, de
quienes secuestran en Europa, de los que sub-
contratan la tortura, de los que cañonean pe-
riodistas y civiles.
Os dieron igual las pruebas presentadas,
las filmaciones, las decenas de testigos, las
evidencias, lo que se ha publicado en la ma-
yoría de los medios de comunicación y lo que
han testificado los periodistas presentes en
el lugar de los hechos. Me da la sensación que
sufrís de amnesia o que vuestra memoria es
selectiva y solo recoge lo que puede exculpar
a los militares estadounidenses. Por eso, me
permito recordaros lo siguiente:
Que la 3º División de Infantería, es decir
la misma unidad del ejército de los Estados
Unidos de América, atacó ese día y en el es-
pacio de dos horas los tres centros donde se
ubicaba la prensa independiente acreditada
en Iraq, bombardeando y cañoneando las se-
des de las televisiones Al Jazeera, Abu Dhabi
y el propio Hotel Palestina.
Que la televisión de Al Jazeera comunicó
al Pentágono sus datos de posición GPS dos
meses antes del ataque.
Que el propio Colin Powel, a la sazón Mi-
nistro de Exteriores del gobierno estadouni-
dense en la fecha señalada, declaró a posteriori
que no se atacó el Hotel Palestina en la cam-
paña aérea, al tener conocimiento de que en
él se alojaban la mayoría de los corresponsa-
les extranjeros.
Que los medios de visión del carro de com-
bate M-1 Abrahams que efectuó el disparo,
son capaces de señalar con toda claridad ob-
jetivos a más de cuatro kilómetros de distan-
cia, con lo cual el sargento que efectuó el
disparo estaba en posesión de la plena capa-
cidad técnica para observar que los balcones
del Hotel se encontraban atestados de cáma-
ras de televisión.
Que durante los 35 minutos anteriores al
disparo no se registra combate alguno, como
está recogido en la propia cinta que grabó mi
hermano, dotada de códigos de tiempo que se-
ñalan al segundo el tiempo transcurrido.
Que antes del disparo, el carro de comba-
te se posicionó apuntando al Hotel Palestina
durante diez minutos, tiempo más que sufi-
ciente en ausencia de combates y según los
protocolos de actuación del propio ejército de
los Estados Unidos, para consultar con las sec-
ciones G2 y G3 (Información y Operaciones)
del Estado Mayor de la División, las cuales es-
taban perfectamente informadas de la natu-
raleza civil del edificio en cuestión.
Que el día anterior, algunos periodistas
que se encontraban en el Hotel Palestina, do-
tados todos ellos y ellas de chalecos de pro-
tección con la palabra "PRESS" claramente
identificada en sus pechos, estuvieron salu-
dándose con las primeras unidades estadou-
nidenses que calibraban las defensas iraquíes,
con lo cual y debido a los protocolos de ac-
tuación de cualquier ejército moderno, es de
suponer que el informe posterior de las su-
sodichas unidades debió llegar a la Inteli-
gencia Militar estadounidense, señalando
claramente la presencia de periodistas occi-
dentales en el edificio.
Que el Hotel Palestina tenía en su azotea
un cartel gigantesco que lo identificaba y que
podía verse desde el lugar dónde se encon-
traban posicionados los carros de combate es-
tadounidenses.
Que por todas las circunstancias antes se-
ñaladas no se puede hablar en ningún caso de
"identificación errónea del enemigo" ni de
"acto de guerra", ya que existen multitud de
indicios, a falta de una mayor investigación,
que indican que nos encontramos ante una
violación de la Convención de Ginebra de la
que España es firmante.
Que uno de los criterios fundamentales del
Derecho Internacional Humanitario es la pro-
porcionalidad en la respuesta y está fuera de
duda, que en este caso hay un excesivo uso
de ella, aún en el caso de la supuesta "iden-
tificación errónea", la cual está por probar.
Muchos años de trabajo costaron aprobar
los Convenios de Ginebra, ratificados por 166
Estados y que no son sino un tímido parche
del que nos dotamos las naciones para tratar
de aliviar, acotar y limitar al menos, el dolor
causado por las guerras
Me cuesta entender vuestra omisión de la
nula colaboración de la Justicia Estadouni-
dense, que a pesar de contar con un conve-
nio bilateral que regula la asistencia en
materia penal, se ha negado sistemáticamente
a prestar auxilio judicial, ninguneando los
reiterados requerimientos de parte de los ins-
tructores, dando la sensación de que el tra-
to de los estadounidenses para con nuestra
Administración de Justicia es la del amo con
el vasallo.
Señores jueces de la Sección Segunda de
lo Penal de la Audiencia Nacional, acabáis de
legalizar el asesinato de mi hermano y de sus
compañeros, extendiendo al tiempo una "Pa-
tente de Corso" que sirve como modelo en fu-
turas actuaciones delictivas, en las cuales solo
habrá que esgrimir una supuesta "identifica-
ción errónea del enemigo", para escaparse a
toda acción de la justicia.
Tengo más de una duda razonable de vues-
tra honorabilidad y quiero que sepáis que
mientras me acompañen las fuerzas me ten-
dréis enfrente con la cabeza bien alta y la mi-
rada limpia, pues yo que ni siquiera he rozado
la muerte, puedo miraros con la cabeza bien
alta a vosotros, que aun repletos de títulos,
laureles y despachos, un viernes de marzo,
legalizasteis el asesinato de mi hermano.
Redacción /Agencias
Según la resolución de la Sección Segunda
de lo Penal, el disparo del proyectil de un
tanque norteamericano que acabó con las
vidas de Couso y del cámara ucraniano de
Reuters Taras Protsyuk "no se trata de un
acto intencional doloso de causar la muer-
te de dos personas civiles protegidas, sino
de un acto de guerra realizado contra un
enemigo aparente, erróneamente identifi-
cado."
El tribunal no ve intencionalidad dolosa
o incluso la figura del asesinato, que es "el
dolo directo de matar a personas civiles, que
lo hace incompatible con la imprudencia". La
sentencia recuerda que es público que ha-
bía enfrentamientos violentos "por el con-
trol del estratégico puente Jamurohara" en-
tre las tropas estadounidenses y la Guardia
Republicana iraquí "para la culminación de
la toma de Bagdad".
"En este contexto de guerra violenta y
peligrosa, la intervención de las comunica-
ciones iraquíes ponen en alerta al Ejército
americano que desde el Hotel Palestina exis-
te una unidad iraquí desde la que se dirige
el tiro de su artillería contra las unidades
norteamericanas", añade la sentencia.
Según el relato realizado, tras su "apa-
rente localización", se produce "un único y
directo disparo contra lo que parece ser un
puesto de observación y dirección de tiro,
con tan mala fortuna que en el punto al que
se dirigió el proyectil se encontraban los
dos camarógrafos", uno de ellos el de Tele-
cinco, José Couso, que murió horas después.
La familia del camarógrafo, asesinado por
tropas de Estados Unidos en Iraq el 8 de
abril de 2003, ya ha anunciado que recurri-
rá el fallo de la Audiencia Nacional.
Por su parte CNT ha manifestado públi-
camente la indignación por la sentencia. De-
cir que se trata de un "acto de guerra contra
un enemigo aparente erróneamente identi-
ficado" no es más que un malabarismo ar-
gumental encaminado a ocultar un crimen
cometido contra un periodista que hacía su
labor con honradez y valentía.
cnt
n°322 abril 2006
Actualidad
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La Audiencia Nacional archiva la
causa por la muerte de José Couso
La Justicia española no seguirá investigando la muerte en Irak del cámara de Telecinco
José Couso. La Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional decidió el pasado
mes de marzo archivar las diligencias previas abiertas en el Juzgado Central de
Instrucción número 1. El motivo, que fue "un acto de guerra".
Carta abierta a los Jueces de la Sala 2ª
de lo Penal de la Audiencia Nacional
La familia de José Couso muestran la querella ahora desestimada.
/ AGENCIAS
Puedo miraros con la cabeza bien alta a vosotros,
que aun repletos de títulos, laureles y despachos,
un viernes de marzo, legalizasteis el asesinato de
mi hermano