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n°321 marzo 2006
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Cultura
A. Orihuela
Q
uienes hemos tenido la suerte de
escucharle, difícilmente podremos
olvidar la impresión que sus lec-
turas públicas causan entre los
compañeros. A pesar de ello, el
reconocimiento público de la obra de Jesús
Lizano se hace esperar, tal vez porque es un
caso curioso en la poesía española de fideli-
dad a un camino, a una aventura poética, como
el mismo gusta llamar a su vida, por el que
continúa transitando cada vez con una más
luminosa presencia, mientras sigue, a la par,
desoyendo los cantos del poder (y no sólo lite-
rario) al que ataca con vehemencia en cuanto
le dan lugar. Su discurso, incómodo para los
dominantes, no encuentra sitio en los ana-
queles de la literatura oficial y, de ahí, las difi-
cultades de la poesía de Jesús para llegar a
todos nosotros.
Coincido con quienes han tenido la suerte
de leer su obra que allá por 1955 Lizano con-
solida con Los picapedreros, una de las voces
más modernas de nuestra reciente poesía. Abre
caminos y se adelanta a unos registros que tar-
darán aún casi medio siglo en llegar a la poe-
sía española.
En 1968 publica La creación humana, un
libro donde ya se conjuga, con toda soltura,
una poética que oscila entre el materialismo y
el misticismo, asentando una escritura donde
es fácil adivinar su proyecto más maduro: el
misticismo libertario.
En sus poemas comienzan a trenzarse algu-
nas presencias que lo acompañarán ya de por
vida, los ecos de Juan de la Cruz apelando a la
trascendencia se mezclan con el Lizano que
llama, desde sus versos, a lanzar piedras, gui-
jarros dirigidos a la cabeza, ladrillos y "otros
objetos contundentes, /sin descanso/ desde el
amanecer hasta caer rendidos" (Lizanía, 2001:
404). Pero Lizano, incluso en estos poemas, se
aleja de la mal llamada poesía social. No hay
distancia entre el poeta que llama a las barri-
cadas y el Lizano que pide trascendencia...
"pues las piedras son para que todos vayamos
curándonos la cabeza a pedradas..." (nos dice).
Aquí se centra la radical diferencia entre su
obra y el resto de la poesía social de entonces.
Hay más de maestro zen repartiendo bastona-
zos que de profeta de algún imaginario prole-
tariado. Jesús Lizano nos llama a despertar
para "¡que deje de ser una cloaca/ lo que ha
nacido para el reflejo de la belleza del mundo!"
(Lizanía, 2001:405). Es el humanismo liberta-
rio de Lizano el que asoma en su poesía, de
forma intuitiva, vivo y humeante antes inclu-
so de que él mismo descubriera, en su deam-
bular vital, las tierras de Acracia.
En Fin de la Tierra (1972) y Ser en el fondo
(1974), Jesús Lizano continúa "de la luz a la
sombra,/ de la sombra a la luz" (Lizanía,
2001:649), oscilando entre esos dos ejes de su
trabajo poético: el materialismo y el misticis-
mo. En esos años, a su soledad vital, comien-
zan a ir llegando amigos imaginarios muy
íntimos, caballeros andantes, que llegarán a
convertirse en trasunto de muchas de las pági-
nas del poeta.
Comienza también un doble proceso de
extrañamiento: hacia los hombres "si hombre/
no humano" (Lizanía, 2001:783) (nos dice en
un poema). "Señoras y señores/ soy el paya-
so del circo/ y ustedes los domadores" (Lizanía,
2001: 908) (cuenta en otro), y otro hacia las
prisiones del cuerpo y del deseo que Jesús no
entiende y mucho menos comparte.
De nuevo, en paralelo, cuanto más se aleja
de un mundo y de una sociedad que no le
gusta, más cerca nos encontramos del poeta
que Lizano es: "Bebí toda el agua del lago,/ el
lago se convirtió en un hombre/ y yo me con-
vertí en un lago" (Lizanía, 2001: 911).
A comienzos de los años ochenta la poesía
de Lizano se nos desvela degustando ya los
primeros frutos de sus reflexiones asentadas
sobre las coordenadas del misticismo libertario.
Camino de Imperfección de 1987, nos sitúa
ante los frutos, ya maduros, de la fragua liber-
taria que se encendiera en nuestro poeta. "¿De
qué amo es mi voz/ debes preguntarte/ de vez
en cuando./ Queda algo/ de humano en ti si
tu voz/ tiene amo?" (Lizanía, 2001:1010). La
fragua de Jesús Lizano no ha parado de arder
en los años noventa y así regalarnos lo mejor
de su lírica y pensamiento en sus libros: Lizanía
(2001) (2005, 2º Edición), Lizanía -apéndice-
(2004) y la recién publicada antología Novios,
mamíferos y caballitos (2005), que cierran
aquel camino de imperfección con un recién
estrenado camino de comprensión donde el
poeta dice: "Veo temblor, no árboles/ vuelo,
no pájaros/.../Inventamos los nombres/ para
conocernos/ y nos confundimos/ y perdemos/
el temblor y el vuelo/.../ alcanza el temblor y
el vuelo. Se pierden todos los caminos/ sin
ellos/.../ El mundo real poético:/ la unión del
temblor y el vuelo./ Viaje por el temblor./
Paseo por el vuelo/ El vuelo sólo es temblor/
El temblor sólo es vuelo" (2004:30-31).
Aunando canción y reflexión, nos adentrar-
nos en los jugosos pensamientos del poeta que
continúa fustigando al mundo real político y las
mentiras y montajes en los que, en nombre de
la razón, naufragan dominantes y dominados.
Frente a ellos, el mensaje de Lizano es el men-
saje de la inocencia, la consciencia y la libertad
no sujetas ni sumisas, sino entregadas a la ple-
nitud de una vida que, hoy por hoy, nos es
negada en el mundo real político. Frente al
mundo real político, Lizano nos muestra el cami-
no por donde el misticismo libertario nos lleva
al mundo real poético. El camino donde hacer-
nos compañeros, superando lo que nos enfren-
ta y confunde a causa de nuestro racionalismo
y nuestro irracionalismo egoístas. Un camino
donde cambiar el ansia de poder por el ansia de
plenitud y el individualismo por el apoyo mutuo.
Un camino que sólo es posible andar con ojos
nuevos, desde el convencimiento de que todos
somos compañeros, y que la vida es una aven-
tura poética no una desventura política.
Jesús desvela el mundo real político como
el mundo del abuso, la injusticia y el engaño,
como el paisaje donde discurre nuestro vivir
mediocre, vegetativo, mecánico e impersonal...
un lugar donde es imposible realizar nuestra
humanidad mientras sigamos viviendo en deli-
rios como raza, patria, Estado, religión, etc.
viéndonos como enemigos, envueltos en la
lucha por el Poder. Frente a él, frente al Poder,
Jesús Lizano no propone ningún estallido vio-
lento de las masas sino la transformación men-
tal de cada ser concreto, pleno de consciencia,
transformado para la plenitud del vivir libre,
frugal y creativo.
Pues, para el poeta anarquista, no se trata
de conquistar el poder sino la inocencia, ayu-
dar a las consciencias a alcanzar la plenitud
aunando, en cada uno de nosotros, el sentido
contemplativo, la intensidad de la vida interior,
y la rebeldía frente a todo poder. Ellas son las
dos prácticas más impecables en las que ejer-
citarnos para que vaya desapareciendo el
mundo de los dominantes y los dominados, el
mundo real político, y el mundo del desorden
y la violencia sea superado dando paso a la
Anarquía, la más alta expresión del orden.
Ése es el mundo que Jesús Lizano nos pro-
pone, el mundo real poético en el que nos invi-
ta a entrar, para participar entre todos en la
construcción de la tierra que descubrió hace
ya más de cincuenta años, la tierra donde todos
seremos novios, aquella donde, porque "es sen-
cilla tu verdad/ y tu locura pequeña
(2005bis:143)", se cumple éste su sueño y
nuestro destino común, la Anarquía.
Últimos libros publicados de Jesús Lizano:
- Lizanía. Ed. Lúmen. Barcelona, 2001. 2ª edi-
ción. 2005.
- Lizanía (apéndice). El Ciervo. Barcelona. 2004
- Novios, mamíferos y caballitos (a la Acracia
por la inocencia). Ed. La Mano Vegetal.
Sevilla. 2005.
J. M. Gallardo
Y
o no quiero que se me ponga el
rictus que he visto en muchos de
mis paisanos cuando pasan al
lado de un hombre marroquí que
carga penosamente con sus
alfombras, sus cañas de pescar y demás uten-
silios insólitos.
Yo no quiero que en vez de indignación
por las precarias condiciones en las que desa-
rrollan su trabajo los temporeros de la fresa,
sentir indignación por la enojosa presencia
de estas personas en los arrabales de la aldea,
como si lo deleznable no estuviera en esa
suerte de esclavitud moderna y neoliberal que
ofrecemos a los más desesperados sino en la
tristeza de sus chabolas, en los olores de sus
guisos, en el color de sus pieles.
Yo no quiero decir nunca como lamenta-
blemente he tenido que escuchar alguna vez
al fascista cateto, ramplón, universal y cíni-
co que alquilaba una habitación de pocos
metros cuadrados a doce africanos a precio,
como mínimo de hostal, y se quejaba de la
insufrible peste que por las mañanas salía de
la habitación, concluyendo con esa inteli-
gencia borrica, que los negros huelen mal.
En los años setenta mi padre tuvo que emi-
grar a Alemania. Cierto que con su contrato de
trabajo, pero eso del contrato -amén de la exqui-
sita coartada moral con que aliviamos los escrú-
pulos de nuestro rechazo- es una justificación
coyuntural que no responde ni por asomo a lo
sustancial: Mi padre, como el padre de muchos
de nosotros, emigró por razones idénticas a las
del marroquí de las alfombras. También dejó
lejos su tierra (su España querida), tampoco le
gustaba la arrogante jeta albina que tendría que
recibirlo, ni conocía un carajo del idioma, ni
tenía una pinta muy distinta a la de nuestros
marginados contemporáneos.
Lo recuerdo estudiando un manual de
español-alemán y recitando frases en ese idio-
ma lejano y bronco, con un acento andaluz
que si no fuera por la tristeza tan grande que
había en aquella casa, nos hubiese hecho des-
ternillarnos de risa a todos.
Aquellos trenes del frío y hacia el frío, par-
tían con la misma desolación con que parte
la patera de la costa africana. Con la misma
esperanza también. Solo hemos perfecciona-
do, tras tres o cuatro décadas, los mecanismos
de la infamia.
De aquellos días de mi infancia recuerdo a
una mujer joven, mi madre, que recibía cartas
llenas de una ingenuidad enternecedora. Mi
padre narraba inventos que la hacían sospechar
con esa desconfianza femenina tan castiza e
hispana: ¡qué hombre más exagerado! Porque
contaba el pobre su fascinación frente a los
coches, los vídeos, la televisión en color y las
puertas de los garajes que se abrían automáti-
camente gracias a la magia de "un botón".
También contaba mi padre que en Munich
hacía un frío las mañanas del mes de enero
que ningún portugués, turco o español había
siquiera imaginado en su vida. Que dormían
hacinados en barracones a pie de obra más
de cincuenta obreros de la construcción y que
el agua salía invariablemente helada de aque-
llas tuberías asesinas, que jamás funcionó el
grifo de agua caliente en todo el invierno y
que esperaban ansiosos el fin de semana para
alquilar una habitación en alguna pensión de
la ciudad y darse un baño.
Contaba que también en Munich solía
haber algún listo, antropólogo de taberna,
que exclamaba, al ver llegar a la casa de pen-
sión a la famélica legión de emigrantes, la
peste que tenían los trabajadores españoles,
turcos o portugueses.
Yo no quiero olvidarme de quién soy, ni
quiero olvidarme de dónde vengo porque sé
exactamente a dónde van los que hacen aco-
pio de esa desmemoria: a la reacción y al anar-
co individualismo, socorrida entelequia que
nos libra de culpa y considera que la suerte
de haber nacido aquí y en este momento his-
tórico, es una cosa o natural o divina.
Conviene acordarse
Yo no quiero olvidarme de quién soy, ni quiero
olvidarme de dónde vengo
Lizanía, la anarquía andante
La obra de Jesús Lizano se inicia en 1955 con el libro Poemas de la tierra, allí está ya,
presente y viva, la voz que, desde hace años, peregrina por nuestros ateneos y se
entrega generosa, en cada convocatoria.
Jesús Lizano.