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n°321 marzo 2006
Internacional
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de una supuesta superioridad de Occidente,
conviene situarla en su justa dimensión y en
sus evidentes limitaciones en la práctica so-
cial. En cierto modo, la llamada "libertad de
expresión" apenas traduce, en lenguaje retó-
rico y grandilocuente, lo que es simplemen-
te "libertad de empresas periodísticas o
mediáticas". Mas que de "libertad de expre-
sión" y de su potencialidad en la vida coti-
diana occidental, habría que hablar de la
mercancía información y de sus filtros: des-
de la concentración de la propiedad - por
ejemplo, en España, empresas como Prisa,
Sogecable, Vocento, Planeta, Fininvest-, la
publicidad, verdadero poder decisorio de lo
que se publica o emite, y las relaciones es-
trechas entre medios y el poder económico y
político.
Leer hoy la prensa occidental no es un
ejercicio de "libertad de expresión", sino una
experiencia de deambular por un territorio
minado de verdades, falsedades e intoxica-
ciones. El término "terrorismo", tan sobreu-
tilizado, tiene interpretaciones y acepciones
varias. Desde la concepción totalitaria y no-
toriamente falsa, publicitada por los regíme-
nes de Bush, de Putin, o de Aznar en España:
"todos los terrorismos son iguales", a acep-
ciones diferentes en épocas pasadas en Eu-
ropa: guerrilleros, partisanos, resistentes,
maquis en la lucha contra el fascismo y con-
tra las fuerzas de ocupación nazis en Euro-
pa. Referente a países invadidos en Oriente
Medio, la resistencia a una ocupación ilegal,
para la prensa española ha pasado a ser te-
rrorismo; los voluntarios que van a luchar
contra las tropas de ocupación anglonortea-
mericanas en Irak, que en un pasado euro-
peo fueron voluntarios, brigadistas, son
ahora terroristas. Incluso, el abuso de la ex-
presión parece haber obligado a los medios a
que, junto al término "terrorista", se utilice
sistemática y desproporcionadamente el de
"suicida". Desmintiendo esa intoxicación pe-
riodística, el Departamento de Defensa de Es-
tados Unidos ha señalado el pasado enero
que de los 34.131 "ataques significativos"
contra las tropas de ocupación de Irak en el
año 2005, sólo hubo 67 ataques suicidas y
441 coches bomba.
Las denuncias de los medios de comuni-
cación occidentales sobre la ilegalidad de la
agresión a Irak, sobre las mentiras y mani-
pulaciones utilizadas, sobre las matanzas y
torturas realizadas tanto en Irak como en Af-
ganistán, o sobre la creación de un limbo ju-
rídico, han sido frecuentes y notorias. Esa
misma prensa parece olvidar, en cambio, que
fue una activa colaboradora de aquellas in-
toxicaciones, y hoy en día, vuelve a serlo so-
bre los nuevos escenarios estratégicos
norteamericanos, colaborando y respaldando
activamente las campañas mediáticas contra
Irán o Siria, y preparando psicológicamente
a la opinión pública occidental para las po-
sibles futuras guerras y agresiones .
Un ejemplo: el 1 de febrero de 2006, se
publica en El País, en titulares, la siguiente
noticia: "La ONU confirma que Irán tiene do-
cumentos que describen como fabricar armas
nucleares". En la letra pequeña de esa noti-
cia se dice que "Irán entregó esos documen-
tos en respuesta a una solicitud de
información del OIEA y explicó que dichos
documentos fueron enviados a Teherán a tra-
vés del mercado negro, sin haberlos pedido".
Más adelante se explica que esa petición se
hizo a petición del servicio de inteligencia de
Estados Unidos, pero tras una rocambolesca
historia de un ordenador portátil sacado de
Irán, no se aclara el interés iraní en explicar
internacionalmente la recepción de esos do-
cumentos, ante el riesgo, muy probable, de
que se tratase una encerrona norteamerica-
na para poder justificar tal vez un bombar-
deo nuclear táctico -la expresión amenazante
proviene del Gobierno de Estados Unidos-
como la falsa venta de uranio nigeriano a
Irak, relatada al Consejo de Seguridad por
Colin Powell en vísperas de la guerra.
Otro tema interesante sería rastrear todas
las numerosas informaciones publicadas en la
prensa occidental sobre el supuesto y reite-
rado negacionismo del Holocausto del presi-
dente iraní Ahmadineyah. Lo que se
descubre, leyendo la letra pequeña de las no-
ticias, es su insistencia, más bien torpe, en
unos datos conocidos por todos: que el Ho-
locausto fue realizado por europeos y que el
estado israelí no duda en aprovecharse de
esa mala conciencia europea para justificar
sus crímenes contra la población palestina y
el incumplimiento de las resoluciones de Na-
ciones Unidas.
Mientras los titulares de prensa occiden-
tales resaltan las afirmaciones de Israel de
que si los palestinos establecen el gobierno
que democráticamente eligieron, pese a los
obstáculos notorios de las tropas de ocupa-
ción israelí, "la Autoridad Palestina se con-
vierte en terrorista, si la dirige Hamas". No
cuentan en cambio que desde marzo de 2005,
va a hacer un año, Hamas no ha realizado
ningún atentado en Israel, ni ninguna acción
armada contra las tropas de ocupación isra-
elí. No puede decirse lo mismo de esas tro-
pas y de los servicios secretos israelíes. Con
metódica precisión es raro el día en que no
son asesinados algunos palestinos. No se
cuenta tampoco que Hamas, ante la insis-
tencia de los regímenes de Estados Unidos e
Israel y del portavoz de la Unión Europea, Ja-
vier Solana, en un reconocimiento previo del
Estado de Israel, ha mostrado su plena dis-
posición a discutir el reconocimiento de ese
Estado, si Israel, al mismo tiempo, cumple las
resoluciones de Naciones Unidas, abandone
los territorios ocupados y regrese a las fron-
teras de 1967.
Desde el 11 de septiembre de 2001, pese
a la aparente laicidad reinante, se viven tiem-
pos de cruzada. El régimen integrista norte-
americano, encabezado por George Bush y
sus "neocons" y respaldado más o menos ti-
biamente por los países europeos, está lle-
vando a cabo una sangrienta agresión militar
con el epicentro hoy en Irak, pero amena-
zando a países vecinos, como Irán, Siria. Para
árabes y musulmanes en general, resulta cada
vez más difícil diferenciar y sobre todo cre-
er en aquellos planes para establecer la de-
mocracia en Oriente Medio, controlar la zona,
apropiarse del petróleo, a las más pesimistas
actuales de evitar que los atacados nos ata-
quen y la de frenar su presunta y lenta in-
vasión pacífica bajo la cobertura de la
inmigración.
No se trata de defender o justificar nin-
gún monoteísmo. Como enseña la historia,
las confrontaciones teológicas no suelen ser
cuestión baladí y pueden desencadenar gran-
des tragedias colectivas. Las vicisitudes del
monoteísmo cristiano jalonan un pasado pa-
radigmático, poblado de iconoclastas, unita-
rios y trinitarios, cruzadas, inquisiciones,
católicos y protestantes y una variada serie
de guerras de religión. Sin recurrir a otros ar-
gumentos, esos antecedentes justificarían la
defensa del laicismo, aunque conviene no ol-
vidar sus implicaciones en los procesos colo-
niales a lo largo de los siglos XIX y XX.
Aunque los monoteísmos judío y musul-
mán nunca llegaron a ese grado de brutali-
dad cristiana, cuantitativamente hablando,
arrastran también un cruento historial.
Las críticas al islam, desde posiciones sim-
plemente laicas, no son difíciles, en especial
la ideología y las prácticas discriminatorias
hacia la mujer y todo el entramado social si-
niestro que eso conlleva. La cuestión del in-
movilismo, de la no evolución de ese
pensamiento religioso, es más discutible y
tiene mucho que ver con la fijación "orien-
talista" de ese mundo desde la perspectiva de
superioridad civilizatoria occidental. El colo-
nialismo europeo durante los siglos XIX y XX
y las teorías decimonónicas del progreso es-
tablecieron unas coordenadas que aún no se
han roto.
En su torpe esquematismo, el chiste de
Mahoma reduce el mundo islámico a su di-
mensión más simplista. No están lejos de esa
interpretación muchos expertos en islamismo
y terrorismo surgidos en los últimos tiempos.
Alguien ha comentado que nuestro conoci-
miento del islam es similar al que tendríamos
sobre la Revolución Francesa si solo estuvié-
semos informados de aquellos acontecimien-
tos por los exiliados monárquicos que huyeron
de París. No hay un islam anclado, sino mu-
chas corrientes islamistas. No hay tampoco un
islam religioso, sino unas sociedades trauma-
tizadas por casi dos siglos de intervencionis-
mo colonial y neocolonial de occidente.
A partir de esa intrusión occidental se
pueden rastrear distintas corrientes del pen-
samiento islámico ya desde finales del siglo
XIX, en las que se entremezclan religión,
identidad e incipiente nacionalismo. En los
años veinte del pasado siglos, tras la prime-
ra guerra mundial, esas distintas corrientes
islamistas cuajan con fuerza en varios países,
Egipto, Palestina, Siria, Argelia, desde los Her-
manos musulmanes a otras variantes "nacio-
nalreligiosas" en la lucha descolonizadora.
Tras la segunda guerra mundial y la bi-
polarización entre Rusia y Estados Unidos,
los pueblos árabes e islámicos, dentro del lla-
mado Tercer Mundo, buscaron su indepen-
dencia a través de corrientes laicas. La
intrusión en la zona del Estado de Israel y el
fracaso de aquellos regímenes laicos iba a de-
jar el terreno libre para el desarrollo de nue-
vas corrientes islamistas que han llegado
hasta hoy. El dilema actual en que parece de-
batirse el mundo árabe e islámico se diseña,
de manera un tanto simplista, entre dos op-
ciones: dictaduras prooccidentales o demo-
cracias islámicas
Hasta principios de los años noventa, pese
a la excepción iraní, Estados Unidos y su alia-
do árabe más fiel, Arabia Saudí, alentaron y
apoyaron a los grupos religiosos islámicos,
desde Hamas en Palestina, a las guerrillas is-
lamistas en Afganistán, entre ellos a Bin La-
den. Durante décadas, junto con la Unión
Soviética, el enemigo a abatir de los intere-
ses occidentales fueron los regímenes laicos
de la zona, Mossadeq en Irán, Nasser en Egip-
to, el Baas en Siria e Irak, Gadaffi en Libia,
mientras se apoyaban a los gobiernos feuda-
les del Golfo, Arabia Saudí, Kuwait, emiratos.
La excepción iraní hizo valer a un aliado lai-
co que se fue islamizando: Sadam Hussein. Su
incapacidad para derrotar a Irán durante los
años ochenta le redujo a riesgo potencial de
Israel y a olvidar que la tardía invención de
Kuwait por los británicos había pasado a ser
una necesidad estratégica para Estados Uni-
dos. Se enteraría en la primera guerra del
Golfo.
De esas reconversiones y bandazos políti-
cos, solo Israel ha permanecido como punta
de lanza de la agresión occidental contra el
mundo árabe. El absurdo actual ha sido la
aproximación ideológica de los muy cristia-
nos "neocons" norteamericanos al pensa-
miento más reaccionario israelí. Dando la
vuelta a sus viejos resabios antisemitas, pre-
sentes en la tradición del Partido Republica-
no, han descubierto ideológicamente la
conveniencia del apoyo a Israel para la rea-
lización de los designios del Señor y un po-
sible apocalíptico final de los tiempos. Según
su lectura de la Biblia cristiana, antes de la
futura vuelta de Dios a la tierra, Israel debe-
rá haber restablecido su reino para que des-
pués los judíos se conviertan a la religión
"verdadera".
Ya hoy, Israel no deja de ser un estado in-
sólito, a la vez democrático y teocrático, con
un apartheid y leyes racistas bien vistas por
Occidente, con armamento nuclear, con un
muro más alto que el de Berlín construido en
territorio palestino, con bula para mantener
invadida Palestina y parte de territorios de
Siria y Líbano, y para incumplir permanen-
temente la resoluciones de Naciones Unidas.
Al tiempo, se exigen garantías a los invadi-
dos para que acepten esa situación.
Poco a poco, el islam ha ido reemplazan-
do en el imaginario occidental al enemigo co-
munista. Nuevamente el mundo se está
sumergiendo en un escenario estratégico en
blanco y negro, en el que las fórmulas so-
brepasadas de luchas entre capitalismo y co-
munismo se están sustituyendo por
concepciones religiosas: lucha del bien con-
tra el mal en la acepción de Bush, o del gran
Satán en la acepción de Bin Laden. De la po-
breza ideológica anterior parecemos abocados
a la más absoluta de las miserias.
Manuel Revuelta es periodista. En los años
setenta trabajó en Posible y Cuadernos para
el Diálogo
, fue también corresponsal de la
emisión española de Radio Baviera. En los
ochenta fue Redactor Jefe de Internacional
durante la corta vida del periódico Libera-
ción
. En los noventa, redactor de Le Monde
diplomatique
, edición española. En el año
2003 dirigió la revista Resistencias. En su úl-
timo libro Repensar la prensa (Debate, 2002)
ha analizado desde el punto de vista mediá-
tico los pormenores de las guerras y agre-
siones llevadas a cabo por Estados Unidos y
sus aliados desde el final de la guerra de
Vietnam.
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Leer hoy la prensa occidental no es un ejercicio de
"libertad de expresión", sino una experiencia de
deambular por un territorio minado de verdades,
falsedades e intoxicaciones
Desde el 11 de septiembre de 2001, pese a la
aparente laicidad reinante, se viven tiempos de
cruzada
Poco a poco, el islam ha ido reemplazando en el
imaginario occidental al enemigo comunista.
Nuevamente el mundo se está sumergiendo en
un escenario estratégico en blanco y negro