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Armand Guerra.
Reedición de su libro
A través de la metralla .............. 26
Jornadas culturales....................................................... 27
Cultura
cnt
n°319 enero 2006
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J. Blasco
I
magino que los primeros utensilios usados
como cuchillos serían aprovechados de los
elementos más básicos de la naturaleza, así
en los comienzos de la humanidad se usa-
rían piedras, palos y artilugios similares y
más adelante el hierro (descubierto hace 4.000
años), para pasar posteriormente al acero que usa-
mos en la actualidad, y que irían dando forma a
un sin fin de modelos muy variados de cuchillos.
Entre los más usuales en la cocina tenemos la
puntilla, usado para pelar y tornear hortalizas, el
cebollero, que empleamos para picar hortalizas,
aunque también se le puede usar para trocear
piezas no muy grandes, la media luna, empleado
para filetear o cortar carnes y pescados, la mache-
ta, un cuchillo de hoja ancha y gruesa que emple-
amos para trocear piezas con huesos de gran
tamaño, el deshuesador, cuchillo para despiezar,
deshuesar y desnervar carnes, la chaira o eslabón,
empleado para suavizar y mantener afilados los
cuchillos. Y qué decir, de cuantos cerdos, y no pre-
cisamente me refiero al animal comunmente
denominado como tal, sino a políticos, reyes, car-
celeros, policías, empresarios, y demás calaña sus-
tentadora del capitalismo que nos hemos dejado
sin pasar por el cuchillo más hiriente, aquel que
bien pulido y direccionado, penetra como un esca-
lofrío en el corazón, el cuchillo que representa la
idea anarquista.
BISTEC A LA PIMIENTA SOBRE BASE DE
CEBOLLA
INGREDIENTES:
1 bistec
1 cebolla
Pimienta verde
Mantequilla
Brandy
Jugo de carne
Nata
Elaboración:
Pochar la cebolla. Freir el filete y reservar el
jugo, que posteriormente usaremos para la
salsa.
Para la salsa:
Derretir la mantequilla, añadir la pimienta y
un chorro de brandy y dejar reducir. Añadir el
jugo de la carne, la nata y remover.
Colocar sobre el plato la cebolla extendida,
que no sobresalga del bistec. Sobre esta la
carne y servir al gusto la salsa de pimienta.
gastronomía
Germinal
P
untual, como ya casi no lo es el tiem-
po atmosférico, llega a las pantallas
de los cines la última película de
Woody Allen. Y, como casi siempre,
este comentarista se dispone a dejar
referencia de ella en las páginas de este periódico.
Se titula Match Point y trata, como es habitual en
este director, de la vida. De la vida de sus perso-
najes en los que encontramos tanto girones de la
misma de Allen como de la de cualquier especta-
dor. En ésta narra la historia de un joven ambicio-
so y de su ascensión social y económica sin reparar
en su coste. Un relato que bascula entre la trage-
dia y la comedia bajo un formato de película poli-
ciaca o, más exactamente, "negra". Para que se
haga una idea el lector, a quien escribe estas líne-
as, le ha recordado, sin que tenga ninguna expli-
cación racional, al personaje de Ripley, de la
novelista Patricia Highsmit.
Si peculiar es la película respecto a las últimas
de este autor, también parece que toma visos de
convertirse en realidad su distanciamiento del
mundo cinematográfico estadounidense y su acer-
camiento a Europa, lugar que, como declara a menu-
do, es donde le gustaría vivir. Match Point está
rodada en Londres, con equipo inglés y un reparto
prácticamente británico también. Salvo la interven-
ción de la norteamericana Scarlett Johansson, una
jovencísima neoyorquina de poco más 1,60 metros
de altura, pero que ya tiene a sus espaldas su esplén-
dida e inquietante presencia en la peculiar obra de
Sofía Coppola Lost in translation. Pero, como se ha
resaltado, esta película también introduce de nuevo
un tema que había permanecido en un segundo
plano hasta ahora: la cuestión social. No es que,
como también se ha dicho, que Allen desarrolla más
los personajes que viven por su cuenta y, por tanto,
aparece el dramatismo de las relaciones personales.
Sino que también deja ver su propia mirada sobre lo
que significa, y a donde lleva, uno de los pilares de
la actual sociedad capitalista: la loa del triunfo social
y económico al precio que sea. Ya lo dijo un minis-
tro socialdemócrata español hace unos lustros,
"quien no se hace rico es porque es tonto". Y cito
sin pretensión de ser literal.
Woody Allen ha vivido lo suficiente, ha cumpli-
do este año los 70 años, para haber aprendido que
no es mejor un panfleto para que sea más explícita
su denuncia que un tratado filosófico. Aunque tam-
bién hay que decir que, en la actualidad, se echa en
falta una mayor dedicación al libelo, en su segunda
acepción del DRAE. Es decir que no hace falta car-
gar las tintas para dejar claro qué opinión tiene sobre
el protagonista. Deja que el espectador forme su pro-
pia opinión, a la vez que no cabe la menor duda de
la consideración moral que le merece. Cosa que se
agradece cuando, en demasiadas ocasiones, se quie-
re tapar la falta de compromiso con una supuesta
"amoralidad", "neutralidad". Algo muy parecido a la
consideración que del "apoliticismo" tiene la extre-
ma derecha. Si algo puede hoy aclararnos qué es de
"izquierdas" o de "derechas", qué es reaccionario o
progresista, es la moralidad de la acción. En Chris,
no la hay por ninguna parte. Todo, hasta el asesi-
nato, es válido para alcanzar sus objetivos. Aunque
sea despreciado como un advenedizo, por Tom y su
propia mujer Chloe que no desea más que perpetuar
a su clase.
En esta película, Woody Allen despliega de una
manera abrumadora sus capacidades cinematográfi-
cas. La historia está narrada de una forma sosteni-
da con unas imágenes espléndidas. El guión no sólo
funciona sino que es capaz de ofrecernos brillantes
sorpresas y hallazgos. Como el mismo título de la
película. Todo se ensambla con suavidad y a la per-
fección y el espectador termina sumergido en la
narración y no tiene la menor duda de lo que se le
quiere decir. El resultado es una película muy luci-
da que nos lleva a renovar la confianza en el direc-
tor norteamericano sobre su capacidad para explorar
nuevos caminos y seguir ofreciéndonos unos de los
cuadros más sugerentes de la sociedad occidental
actual. Ahora, sin ni siquiera apoyarse en su queri-
do Manhattan.
NOTA: No puedo dejar de hacer una referencia a que
el pasado lunes 7 de noviembre le fue concedida a
Basilio Martín Patino la medalla de oro del cine espa-
ñol que concede la Academia del ídem. No es que el
autor de algunas de las mejores películas del cine
español -Queridísimos verdugos y El grito del sur.
Casas Viejas
, por citar dos- necesite este tipo de aval.
Pero, humanos somos. Así que nos alegramos de que
se le reconozca públicamente sus méritos y no se le
ningunee como a menudo ha ocurrido. Recuérdese
lo sucedido con Octavia. Y eso que la cicatería de la
cultura oficial no dejó de aparecer. "Bajo" fue el tono
que le dio al homenaje con sonoras ausencias de los
actuales detentadores del poder ministerial hasta
muchos de los supuestos progres de este país. Mejor
así. Nunca los burgueses van a recibir bien a los revo-
lucionarios. Si lo hicieran sería para preocuparse.
La moral social
cine
El cuchillo
Match Point
Drama
Dirección:
Woody Allen
Guión:
Woody Allen
Intérpretes:
Jonathan Rhys Meyers, Matthew Goode,
Emily Mortimer, Scarlett Johansson, Brian Cox,
Penelope Wilton, James Nesbitt, Alexander
Armstrong, John Fortune, Ewen Bremner
Montaje:
Alisa Lepselter
Fotografía:
Remi Adefarasin
Producción:
Letty Aronson, Gareth Wiley, Lucy
Darwin
Reino Unido, 2005
2 h 3 min
El resultado es una película muy lucida que nos lleva a
renovar la confianza en el director norteamericano
sobre su capacidad para explorar nuevos caminos
Knives, (ca.1981-82)
/ ANDY WARHOL