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A. Jiménez Uceda
N
o es muy acertado el único arti-
culo "de opinión" traducido y
publicado el día después del
terrible atentado de Londres por
los radicales islámicos, donde
más que luz, arroja sombras y mala fe.
¿Por qué me esfuerzo en contestar las pala-
bras de este profesor de Ciencias Políticas sobre
unos sucesos que nos dejan a todos en esta-
do de shock y que condenamos todos, pero con
diversos argumentos?
Pues porque considero una desvergüenza
que para hablar de los motivos de los radica-
les islámicos en su lucha contra Occidente
entremezcle otros argumentos que ni vienen
a cuento, ni tienen nada que ver, a pesar de
que él mismo lo reconoce: no es suficiente.
El dice en su articulo hablando de quienes
buscan los atentados, buscan alianzas con
todos los que rechazan el G-8 y el triunfo del
capitalismo: "si los alternativos celebran con-
ciertos, los yihadistas pasan a la acción e inten-
tan presentarse como la única fuerza real capaz
de enfrentarse al orden mundial mediante la
violencia, a la manera de los anarquistas de
hace un siglo. Aunque el horror de los atenta-
dos aleja a la inmensa mayoría de los alter-
nativos -y a la inmensa mayoría de los
musulmanes-, en el pasado se ha visto que
servia para atraer a un pequeño núcleo de sim-
patizantes, ... .
Sr. Gilles, insisto en que es un despropó-
sito mezclar estos atentados, las motivacio-
nes fanático-religiosas de quienes los llevan a
cabo, el odio que conllevan esas terribles bom-
bas, utilizando unas comparaciones que no
tienen ningún punto en común.
Trataré de sintetizar lo que quiero decirle:
la mayoría de las personas antiglobalización,
de los libertarios y anarquistas de hoy, y de
quienes están en oposición a las políticas
orquestadas por organismos como el G-8, con-
sideramos que los responsables de la muerte
diaria de millares de personas y de todas las
guerras con miles de muertos, son los Estados
que participan en esas reuniones y que deci-
den el Militarismo y se benefician de la pobre-
za mundial. Nos oponemos a esas políticas de
la injusticia global, y sabemos, que son caldo
de cultivo para futuros terroristas de países
donde poco vale la vida. Es decir, están hacien-
do que aumenten el grado de terrorismo mun-
dial, y este tipo de ataques contra tod@s
nosotr@s. Las guerras de Irak y Afganistán,
y el asesinato allí de miles de civiles, serán la
siembra de un futuro incierto. Con su ven-
ganza estos grupos provocan el terror y la
muerte sobre miles de inocentes, con una
inhumana forma de reivindicarlo.
Pero quienes se oponen con sus protestas
a los gobiernos que apoyaron la guerra y que
dirigen este mundo hostil denuncian que la
injusticia y el hambre provocan más violen-
cia e inseguridad en todo el mundo, y por
estos motivos son objeto de represión y des-
vergüenza gubernamental. Así merecería el
reconocimiento social Carlo Giuliani, asesina-
do por las fuerzas de seguridad, y que for-
maba parte de esos antiglobalizacion, y los
apresados en movilizaciones de Salónica,
Escocia o Barcelona. ¿Son un peligro a las
democracias occidentales o bien deberían ser
tratados como grupos de oposición ciudada-
na que persiguen la desmilitarización social,
acabar con la extrema explotación y expolio
a manos de las multinacionales o la democra-
tización social, que permita erradicar de raíz
los problemas que asolan esos países y que
en un mundo globalizado provoca no solo
pobreza y muerte, sino que también terroris-
tas y terrorismo a todas las escalas? Todo se
resumen en ese eslogan ya conocido: "los
muertos de Bagdad estallan en Madrid,
Londres... y "Nunca más".
Mayor desvergüenza es tratar de comparar,
sin aportar un solo dato objetivo, el terror
indiscriminado que realizan los grupos de la
Yihad Islámica, con la de "anarquistas del
siglo pasado". Los anarquistas, como Ud. sabe
y debe conocer, fueron cientos de miles de
obreros solo en España, libremente asociados
que pertenecían a agrupaciones obreras, no
asesinos sin escrúpulos, que se basaban y esto
es importante recordarlo en un ideal de jus-
ticia, de solidaridad y del sentido mutuo y no
tanto la violencia con la que usted los nom-
bra. Hubo individuos en esa época que lleva-
ron a cabo actos terroristas: unos serian
anarquistas, otros no lo eran indudablemen-
te. En la mayoría de los atentados de esa época
los autores buscaban a veces la venganza de
los responsables políticos
1
, la respuesta a las
oleadas represivas que el Estado realizaba
sobre miles de obreros a los que encarcelaba,
torturaba o asesinaba.
Las respuestas de los organismos y mili-
tantes obreros se basaron en las manifesta-
ciones, participar en la opinión publica,
organizar huelgas, mítines para exponer sus
ideas sobre la revolución social, motivos sufi-
cientes que no gustaban en esas sociedades
burguesas y llevaba a cabo políticas represi-
vas contra el movimiento obrero. Miles de ino-
centes deportados y encarcelados.
En España, como en otros lugares del pla-
neta, muchas de esas bombas, lo eran gracias
a la propia policía, y que servirían para per-
seguir abiertamente a las personas más repre-
sentativas del movimiento obrero. Servían para
la caza del anarquista. Así se sucedieron las
condenas de Haymarket (Chicago, 1887) a los
anarquistas conocidos como los Mártires de
Chicago , la Mano Negra para perseguir a los
internacionalistas
2
, la bomba de Tiempos
Nuevos en Barcelona que sirvió para condenar
a muchos inocentes, igual que el atentado del
Liceo (noviembre, 1893) que realizado por un
individuo (Santiago Salvador, que tuvo el
apoyo de organizaciones católicas
3
), dió lugar
a las escandalosas condenas y torturas a cen-
tenares de inocentes en Montjuitch por el
Gobierno de Cánovas. En lugar de perseguir a
los verdaderos autores, la maquinaria estatal
se utilizaba para reprimir a miles de obreros,
para eliminar la libertad de prensa y de aso-
ciación, y para infundir terror a todo aquel
que tuviera ideas anarquistas o que denunciara
la maldad del régimen.
Termino con una afirmación de Luigi Fabbri
4
(filosofo y maestro anarquista) en que la "anar-
quía es la negación de la violencia, y que su
objetivo final es la pacificación final entre los
hombres"
; y que "una sociedad libertaria debe
usar lo menos posible y solamente como medio
defensivo el mínimo de violencia"
, y no nos
creamos todo lo que dicen de nosotros los bur-
gueses o enemigos de la libertad.
Sr. Gilles Kepel, le pido tenga un poco de
respeto por las comparaciones que Ud. se per-
mite hacer, ya que se parecen más a la pro-
paganda típica de una fuerza reaccionaria que
la que va buscando luz y claridad a unos
hechos que tanto Ud. como cualquiera con-
dena sin paliativos.
Un saludo.
Málaga, 8 de julio de 2005.
Notas:
[1] Angiolillo, que asesinó a Cánovas, no
quería arriesgar más vida que la de el.
"No quería matar a su marido, sólo al
responsable oficial de las torturas de
Montjuich"
. Citado por Emma
Goldmann. Viviendo mi vida. Pág. 221
Edit. FAL. 1995.
[2] Historia del Movimiento obrero español
(siglo XIX). Francisco Olaya Morales.
Edit. Madre Tierra. 1994. Madrid. Pag.
634.
[3] Ibidem. Pag. 799.
[4] Influencias burguesas sobre el anarquis-
mo. Luigi Fabbri. 1977.
cnt
n°315 agosto-septiembre 2005
2
211
Sombras y mala fe
En respuesta al artículo de opinión
Yihad, firmado por Gilles Kepel, en Londonistán, publicado por
El País el viernes 8 de julio de 2005
Las Escuelas Ferreristas. Escuela Religiosa,
Escuela Laica y Escuela Racionalista .......................... 22
Un recuerdo a sus esfuerzos.
Mujeres y memoria histórica....................................... 23
Opinión
Mayor desvergüenza es tratar de comparar, sin
aportar un solo dato objetivo, el terror
indiscriminado que realizan los grupos de la Yihad
Islámica, con la de "anarquistas del siglo pasado"
Ilustración de la época mostrando el asesinato de Cánovas del Castillo a manos de Angiolillo