background image
AIT. La FAU alemana apoya el conflicto
de Pferd-Caballito ....................................................... 20
Internacional
cnt
n°315 agosto-septiembre 2005
1
188
E. Calvo Martínez
Bolivia, tierra de grandes contrastes, ocupa
una bella extensión de poco más de un millón
de kilómetros cuadrados en la que se distribuye
de forma desigual una población que no llega
a nueve millones y medio de habitantes. Su dis-
tinta y hermosa geografía está cuajada de par-
ques naturales, lugares inexplorados y selvas
vírgenes. La cordillera de los Andes domina y
marca esta tierra, separando el Oriente del Al-
tiplano. Aunque sus riquezas naturales fueron
siempre muy importantes, siendo hoy la se-
gunda reserva de gas natural más importante
de América del Sur, la renta per cápita de sus
gentes se acerca a la de Haití, el país más po-
bre del mundo.
Las dos Bolivias
Y es que Bolivia son dos Bolivias. La de la oli-
garquía criolla, rica e imperialista y la del in-
dígena, mucho más numerosa e infinitamente
pobre. Está la Bolivia que conforma el poder
de un Estado monocultural y colonialista y la
Bolivia del indio quechua, aymara y guaraní.
La del poder económico y político y la de la
pobreza, el hambre y la injusticia. La minoría
blanca que sólo representa un 20%, frente a
la mayoría indígena desposeída de todo lo que
ofrece la Pachamama que la vio nacer. En esa
Bolivia del indio, la tasa de mortalidad infan-
til se sitúa en el 66,7 por mil, superando el 66,1
de Haití. En la Bolivia de la abundancia, el
rico gana 44 veces más que el pobre.
En La Paz la ciudad se apretuja en la gi-
gantesca hondonada presidida por el monte
Illimani. Arriba, justo en la cornisa, se abre al
cielo el altiplano, una inmensa superficie cas-
tigada siempre por el sol y el frío de la noche
y donde se desparrama el Alto, la otra Bolivia,
la que emigró del campo y de las minas. Allí
se empeñan en sobrevivir en pobres casas de
adobe y suelos de tierra prensada los despo-
seídos, los que no tienen nada.
En el Alto nadie tiene agua ni alcantarilla-
do porque la multinacional francesa "Aguas
de Illimani" no contempla en su contrato esta
gestión. Allí quien tiene un sueldo y un tra-
bajo es un afortunado y puede ganar entre
400 y 600 pesos bolivianos al mes, unos 60 a
90 dólares americanos. Sin embargo el coste
que supone engancharse a la distribución de
agua potable en el Alto, viene a costar unos
2000 bolivianos, un lujo imposible para cual-
quier alteño. El agua que la Pachamama les
regala, que se escurre por los Andes, tan abun-
dante y rica, no está disponible para su con-
sumo. Un bien de primera necesidad como el
agua se convierte en fuente de enormes ga-
nancias.
En 1.997 el gobierno boliviano dio en con-
cesión los servicios de agua potable y alcan-
tarillado sanitario de las ciudades de la Paz y
el Alto al consorcio Aguas de Illimani. Era la
primera vez que en América latina se ponía
en marcha una experiencia de inversión de la
mano del Internacional Finance Corporation,
organismo miembro del Banco Mundial que se
constituía como socio de la multinacional fran-
cesa con un préstamo de nada más y nada me-
nos que 68 millones de dólares. Así, en el
2.001, el Banco Mundial orientó y participó
en la elaboración de la privatización del agua
y sus servicios. El precio del consumo de éste
bien básico se multiplicó por diez para aque-
llos que ya estaban enganchados a la red an-
tes de la privatización.
En el Alto, el alimento básico es la papa,
la patata, y un cereal autóctono, la quinua, y
algunos afortunados cuentan con un pequeño
rebaño de llamas. Casi todos venden algo y ba-
jan hasta La Paz con bultos cinco veces más
grandes que su tamaño y en todas partes cre-
cen los mercados y tenderetes de ropa, de co-
mida, de cacerolas.
Más al interior, en la zona de Cochabamba
se extiende el Chaparé. Fértil, mágico. Y poco
a poco la selva se dibuja cortada por ríos tor-
mentosos o secos, según la ocasión. Allí vive
también la otra Bolivia en casas de madera y
suelo de tierra. Son los campesinos cocaleros
por más que el plan coca-zero, ideado y pues-
to en marcha por EEUU, se afane en la des-
trucción de los cultivos de hoja de coca, por
más que el ejército y la DEA arrasen los culti-
vos y la selva y se pretenda entregar las tie-
rras aptas para la explotación agropecuaria a
la oligarquía terrateniente.
El Chaparé es desde principios de siglo zona
militarizada. Los campesinos, muchos de ellos
emigrantes mineros, que tuvieron que mar-
charse por el modelo de privatización que co-
menzó a aplicarse en 1.985, son los que saben
que el palmito, el banano, la piña o los cítri-
cos son difíciles de transportar, necesitan fer-
tilizantes y pesticidas y carecen de mercados.
También saben que la coca necesita muy poco
cuidado, puede cosecharse tres o cuatro veces
al año, se transporta con facilidad y es muy re-
Y es que Bolivia son dos Bolivias. La de la
oligarquía criolla, rica e imperialista y la del
indígena, mucho más numerosa e infinitamente
pobre
Manifestación de mineros bolivianos en La Paz.
/ AGENCIAS
pasa a la página 19
La otra Bolivia, es la Bolivia del Alto, donde se carece de
agua y alcantarillado, dónde el sol está más cerca de sus
gentes que sobreviven a más de 4000 metros de altura.
Es la Bolivia del Beni, donde empieza el Matogroso y se
levantan las chozitas de palma, los "pawichis" a orillas del
Mamoré, un afluente del Amazonas. Es la Bolivia de los
campesinos del Chaparé que cultivan la hoja de coca o la
de los mineros de Cerro Rico en Potosí, que arañan la
tierra con sus manos buscando los restos del mineral ya
agotado para poder subsistir.
La otra Bolivia