Contraportada

Moros en la costa

Somalia

El Estrecho..., una de las mayores fosas comunes del mundo

Moros en la costa es una crónica de 20 años, desde que su autor, el periodista Juan José Téllez, descubrió el maltrato que recibían los magrebíes que cruzaban el Estrecho. Desde entonces, no dejó de husmear en todos los acontecimientos relacionados con la inmigración, como las mafias del tráfico, los sucesos de El Ejido o los naufragios que han convertido el Estrecho 'en una de las mayores fosas comunes del mundo'. Su juicio, después de denunciar la pasividad de las administraciones para evitar la expansión del racismo, es demoledor: 'Lo peor está por venir'. Y eso que aún hoy siguen siendo más los españoles emigrados que los inmigrantes en España, que apenas representan el 2% de la población.

La visión del autor sobre el futuro de la inmigración, no es nada halagüeña, como se puede deducir entre otras razones por 'la experiencia que nos ofrecen los 500 años de presencia gitana en España'. Téllez sostiene que no se están 'poniendo anticuerpos' para frenar la expansión del racismo, una 'enfermedad seriamente inoculada en este país'. El ejemplo más reciente, a su juicio, ha sido el 'silencio vergonzoso' de las autoridades ante las protestas vecinales para impedir la instalación del Consulado de Marruecos en Almería. 'Me escandaliza que los poderes públicos estén callados', asegura.

Después de recalcar que el racismo sólo se cura con 'cultura', Téllez denuncia que las administraciones públicas 'no hacen nada por evitar que vaya a peor'. 'Irá a peor', concluye. Ni siquiera los acontecimientos de El Ejido, en febrero de 2000, que desataron ríos de indignación, compromisos y buenas intenciones, han servido para aleccionar demasiado a las administraciones. Téllez recuerda que no ha habido responsables de los sucesos ante la justicia, a excepción de los agresores del subdelegado del Gobierno en Almería, Fernando Hermoso, y denuncia igualmente que las ONG no hayan reanudado su labor en El Ejido.

Pero no sólo responsabiliza a los poderes políticos de no actuar con contundencia ante las actitudes xenófobas. Téllez también critica la 'intelectualización del racismo' por parte de ciertos círculos 'supuestamente progresistas' que justifican el rechazo al otro con argumentos 'propios de la derecha más ultramontana'.

El Estrecho, según Téllez, se ha convertido en 'una de las mayores fosas comunes del mundo'. El periodista señala que la cifra oficial de 800 muertes en el Estrecho es similar a las víctimas provocadas por ETA en atentados, pero algunas ONG elevan el número de fallecidos. 'Pero no despiertan el mismo pavor los cadáveres de uno y otro lado, da la sensación de que hay muertos de primera y de segunda', lamentó.

Extraído de Cádiz Libertaria

Arriba lucha antifascista

Moncho Alpuente

Jamás hubiera sospechado que un país tan depauperado, marginado y malamente descolonizado como Somalia, allá en el Cuerno de Africa, que es como decir en el culo del mundo, pudiera ser un enemigo potencia a la altura de un antagonista tan poderoso como los Estados Unidos de América, que le han seleccionado como objetivo preferente en su cruzada fundamentalista contra el fundamentalismo islámico.

En 1993, soldados de élite, aguerridos marines estadounidenses, desembarcaron en Somalia sin dar explicaciones a nadie (nadie se atrevió a pedírselas) con la peregrina coartada de capturar al líder de una organización terrorista islámica, al que por supuesto no encontraron, pues alertada por el ruido mediático y bélico que armaron los perseguidores, la presa puso tierra por medio. En aquella fracasada expedición el ejército más poderoso del mundo sufrió el mayor número de bajas desde la guerra del Vietnam, y aunque el fiasco fue morrocotudo, los medios de comunicación tendieron un velo pudoroso sobre sus vergüenzas y se abstuvieron de comentarios hirientes.

La elección de Somalia, uno de los países más pobres y caóticos de una región paupérrima y desamparada, como objetivo militar se fundamenta, algo hay que decir, en el albur de que Osama Bin Laden, el enemigo número uno, pudiera haberse refugiado allí. Se supone que si el energúmeno hubiese elegido Alcobendas para ocultarse, los marines habrían desembarcado, sin objeciones por parte del gobierno en el aeropuerto de Barajas con la patente de corso de estar luchando contra el terrorismo a escala global.

El ejército de los Estados Unidos tiene una cuenta pendiente en Somalia, una espina que ahora puede sacarse sin compromiso y con la anuencia y la reverencia de sus súbditos, aliados, amigos y cómplices.

Osama puede estar en cualquier parte y el ejército U.S.A. donde le de la gana. Cuestionar su derecho, criticar sus acciones, protestar, quejarse, es una actitud negativa, subversiva, una traición, una justificación de los atentados del 11-S, una postura que sólo adoptan los aquejados del peligroso virus del antiamericanismo primario.

Somalia país de sequías, hambrunas, epidemias y masacres, se perfila como un espléndido escenario para un ensayo general de las guerras que vienen, ganadas de antemano, desproporcionadas, realmente injustas y virtualmente justicieras.