¡No a la guerra!

¿Hacia la 'Intervención Humanitaria' en Colombia? (II)

 

 

Héctor Mondragón

El FMLN (Farabundo Martí) en El Salvador podría perfectamente ganar las próximas elecciones.

Los Sandinistas en Nicaragua aspiran a ganar las elecciones allí.

El ELZN está librando una batalla extraordinariamente popular contra el neoliberalismo en México.

Los movimientos populares en Bolivia han detenido la privatización del agua y la fumigación de las plantaciones de coca. Han llevado a cabo huelgas generales y han ocupado empresas públicas. Ayer mismo Marac se declaraba en rebeldía.

Los movimientos indígenas en Ecuador han destituido a los tres últimos presidentes. Parte del ejército los secunda. Podrían derrocar al gobierno en cuanto se lo propusieran.

Paraguay cuenta con poderosos movimientos campesinos.

Argentina se está desplomando víctima de la típica crisis neoliberal, al igual que ocurriera con las economías del sudeste asiático en 1998 y Brasil antes que éstas. Las multinacionales aprovechan la oportunidad para hacerse con los recursos argentinos a precio de ganga, en lo que ya se ha convertido en un procedimiento habitual. Así como las violaciones de los derechos humanos en Chile tuvieron como secuela la trasferencia de la electricidad de Santiago y Buenos Aires a una compañía española, las empresas multinacionales españolas hoy interesadas en el sector de las comunicaciones y las aerolíneas se están apoderando de la economía argentina. Ya se han adueñado de las aerolíneas nacionales para deshacerse de ellas. Pastrana pretende hacer otro tanto con las aerolíneas colombianas.

Todo este milagro neoliberal ha entrado en una terrible crisis. ¿La solución? El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Imponer la paridad del dólar en las economías centro americanas, despojándolas del control de sus propias monedas. Dejar a los ecuatorianos sin siquiera maquilas en las que trabajar. El sistema requiere eso, y las elites sólo buscan un pretexto.

A estas alturas el pretexto de la droga es de sobra conocido. Hace un par de años, costaba un rato largo convencer a los estadounidenses de que todo este asunto de las drogas era una farsa. Hoy, el mundo entero sabe que lo es. Fumiga 30.000 hectáreas, y surgirán 60.000 más porque los campesinos no tienen alternativa. Cuanto más se adentra en la profundidad de la selva, tanto más costoso para el campesino, con lo cual, se ve obligado a redoblar las siembras.

Gracias al libre mercado al campesino colombiano ya no le queda otra opción. El sector agrario se ha arruinado. Importamos 8 veces más alimentos que hace diez años. El año pasado empezamos a importar café para cumplir con las cuotas de exportación. Y ni siquiera es posible cumplirlas porque el precio es demasiado bajo. América Latina está destruyendo sus cosechas de café. En los dos últimos meses el precio del café ha bajado un 22% para el agricultor. Estaba ya al mínimo: 1/3 del precio de hace 10 años. La venta de café es hoy una apuesta de pérdidas. Los costes de producción son más elevados que el precio de venta. ¿A santo de qué se va a plantar café como alternativa a la coca?

Los EE.UU. rompieron el pacto mundial del café, que proporcionaba un cierto grado de estabilidad tanto para el agricultor como para el consumidor, para crear la Organización Mundial del Comercio (OMC). Antes de eso, Colombia contaba con un fondo que
se destinaba a la estabilización del precio del café. Hoy dicho tipo de
fondo es ilegal.

O sea, que el libre mercado y la OMC han creado las cosechas ilegales. La solución del Plan Colombia es, por consiguiente, una contradicción en sí misma. La idea es consolidar el libre mercado y la OMC, al tiempo que se procede a la fumigación de las
predecibles secuelas de aquello que se pretende reforzar. Lo que esto conseguirá es enriquecer a los narcotraficantes y hacer las delicias de los paraísos financieros, aunque, hoy todo esto es ya de dominio público. Se va a celebrar una reunión en Albuquerque
el 6 de julio para planificar la estrategia de la guerra contra las drogas; a ella asistirán todos, desde Milton Friedman al Black Bloc.

De modo que hoy temo una justificación peor aún que la de las drogas. Temo una intervención humanitaria para salvarnos a los colombianos de nosotros mismos. Esto tan sólo es posible si se ignora la historia o las raíces de la violencia en Colombia.

La violencia no es fruto de la industria de la droga. Tampoco de las guerrillas y a los paramilitares. Es el fruto de un régimen de violencia que depende de la clase dominante. Es la historia de Colombia. A comienzos de siglo, 5.000 personas morían asesinadas por el caucho. En 1916, en Barrancabermeja, los indígenas Varigias fueron
exterminados tras una exploración de petróleo. En 1950 quedaban seis miembros de esta nación indígena. Hoy ya no queda ninguno. Fueron asesinados sin que mediara un sólo tiro; víctimas de la polución que aniquiló su caza y su pesca. Hoy las represas están haciendo otro tanto con los U'wa. El 2 de junio se apoderaron de Kimi. Los indígenas se movilizaron en protesta y el ministerio se unió a ellos. Pero no sólo no consiguieron que
apareciera Kimi sino que otro de sus lideres moría asesinado, y tres organizadores sociales contra la represa también morían asesinados. Hace dos días en Honduras se desató la represión contra los trabajadores anti-represa. Es un régimen de violencia al
servicio de las compañías multinacionales que cuentan con grandes planes.

Las empresas eléctricas se las adjudicaba Reliant el 5 de agosto de 1988. El 15 de agosto de 1998 el primer Embera moría asesinado. En octubre el principal líder de la sindical eléctrica moría asesinado. Ya han matado a 3 sindicalistas del sector. El
abogado de la compañía eléctrica fue asesinado tras descubrir que la
compañía se había vendido por 1/3 de su valor real. Reliant se hizo con un enorme beneficio al revender la empresa a una compañía española, Unión Fenosa. Fenosa es una empresa subsidiaria de Enron, la cual, es a su vez dueña de la electricidad en México, Nicaragua, la República Dominicana y Venezuela. Acaban de adquirir la compañía eléctrica de Cali e inmediatamente han propuesto la adquisición de todas las demás empresas de servicios allí. Son los propietarias del sistema hidrológico en Inglaterra.

La historia colombiana es una historia de violencia sistemática al servicio de los intereses de la explotación multinacional. Beneficia a las elites colombianas. Como recompensa éstas reciben las tierras de los campesinos, los indígenas y las gentes de
color. La historia del país es una historia que les expulsa de sus tierras para ir arrojándolos cada vez más en lo más profundo de la selva.

De 1948 a 1958 2.000.000 de personas fueron expulsadas y 200.000 más asesinadas. El resultado fue la concentración de la propiedad de las plantaciones de azúcar y algodón en unas pocas manos. Es bastante similar a la situación actual. En los últimos 17 años 2.000.000 de personas se han visto expulsadas y la propiedad de la tierra se ha ido concentrando más y más. En 1994 5.000 terratenientes poseían el 34% de la tierra, y en el 2001 esta cifra es del 48%. Éste es el fruto de la violencia. Pregúntese si importa quién ejerce la violencia teniendo en cuenta el resultado final. El resultado final, al margen de quien ejerza la violencia, es que la propiedad de la tierra sigue concentrándose.

En el periodo de 1948 a 1958 la violencia la simbolizó la guerra entre los liberales y los conservadores. Al final hicieron las paces, pero el campesinado se quedó despojado. Los Estados Unidos de América fomentan este sistema en toda América Latina. El grupo que más adiestramiento recibe en la Escuela de las Américas es el de los oficiales colombianos.

Hoy la naturaleza de la explotación de recursos ha cambiado. Las tierras de cultivo ya no tienen valor. Cabe que las únicas tierras que merezcan la pena sean las plantaciones de palma para aceite, y, ni siquiera éstas son un verdadero negocio; tan sólo resultan útiles a las empresas multinacionales para controlar el precio del aceite. Las tierras verdaderamente interesantes son las de las inmediaciones de los mega-proyectos: El canal atrato-Truando paralelo al Canal de Panamá en el que se está desplazando a la gente de color; el petróleo, el gas, el agua, las represas,: esto es lo que está motivando las masacres.

En Poxon, están Chevron y Sepsa. En Catatumbo, son Amico y Sepsa. Los grandes políticos terminan haciéndose con la propiedad de las tierras. Alfonso Lopez, el hijo de un presidente, parte del partido liberal y antiguo ministro de agricultura, de algún modo consiguió hacerse con la propiedad de la tierra cerca del pozo petrolífero de Juccaria propiedad de la British Petroleum. Amanjez, primo de Pastrana, miembro del ministerio de agricultura, hoy posee tierras en los alrededores de Meta. Gustavo Petroas realizó un estudio en el que se demuestra que el 70% de los senadores son grandes terratenientes.

Y la violencia juega a su favor. Ellos son los vencedores de esta guerra. La ayuda militar alimenta la violencia. La violencia se autoalimenta mediante la aniquilación de la oposición política, en un genocidio social y político. Esta tendencia se introdujo en 1948 con el asesinato de Gaitán. Paul Wolf está tratando de conseguir los documentos de la CIA sobre ese asesinato. La Unión Patriótica es otro descarado ejemplo. 3.500 de sus activistas han sido sistemáticamente asesinados. A esto se le llama la democracia más antigüa de América Latina. Javier Giraldo tiene toda la razón al llamarla democracia genocida. Galeano la denomina democradura. No es una coincidencia. Al hilo de todo esto, el genocidio cuenta con un auténtico teórico. Un economista canadiense, Lauchlan Currie, que ha asesorado a cinco presidentes consecutivos sobre esta teoría denominada 'Desarrollo Económico Acelerado'. La teoría mantiene que existen dos obstáculos para el desarrollo: el primero es el secuestro y el segundo la población campesina. Para que en Colombia se pueda dar el desarrollo, según esta teoría, es preciso reducir drásticamente la población campesina. Existen dos modos de conseguir esto.

El tirón y el empujón. El método del tirón es atraer a los campesinos a la ciudad ofreciéndoles trabajo. El plan de vivienda de Pastrana padre, por ejemplo, permitió a la gente acceder a una vivienda mediante créditos de interés alto. Muchos perdieron sus hogares en la crisis bancaria que se produjo a continuación. Los bancos, encantados, se quedaron con sus casas, hasta que su sonrisa se desvaneció al comprobar que tenían las casas, pero nadie que las comprara. Sin embargo, los bancos, a diferencia de los ciudadanos, tienen derecho al subsidio del Estado para sacarles de apuros. El resultado de todo esto, no obstante, es que el índice de desempleo es muy superior al 20%, y el empleo precario mucho mayor aún. El tirón no funciona.

Lo que queda es el empujón, que nos es tan familiar.

Esto es parte de la globalización. La teoría de Lauchlan Currie, esencialmente el Mein Kampf de la globalización, postula que las tierras de cultivo no deben utilizarse. Seis millones de hectáreas de tierra cultivable yacen desiertas, mientras los especuladores esperan a que suba su precio. La intervención militar también contribuirá a estos cambios. De hecho, cabe que sea la única manera de llevarlo a efecto. La intervención podría desencadenar una guerra regional. Está arrojando gasolina al fuego. Un fuego que nos está costando la vida extinguir.

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